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LEVANTAR CADÁVERES I RESIGNIFICAR COMISARÍAS


La administración catalana es un tema divertido , lleno de curiosidades y paradojas. La infinitud de agencias, institutos y demás organismos paralelos, como los consorcios, suponen una constelación enorme de recovecos en los que medran políticos con carguillo, técnicos nombrados a dedo y demás fauna, generalmente muy bien remunerada, que se escabulle de las normas.

En el asunto de la Memoria democrática nos encontramos con una singularidad curiosa, ya que ahí tenemos a la Dirección General de la Memoria Democrática, con su director, subdirector y demás técnicos y administrativos en régimen de funcionarios pero luego está el Memorial Democràtic, ente autónomo y ente abstracto más que nada, cuya función resulta algo confusa pero cuyas nóminas van a cargo de la cosa pública. Tuve la ocurrencia de suscribirme a la newsletter del Memorial para ir viendo en qué se gastan los impuestos y descubrí una colección de exposiciones sorprendentes. Así que decidí visitar algunas de ellas. Las expos del Memorial se celebran en los llamados Museos de la Memoria, que suelen ser edificios levemente iluminados y con apariencia de templos a un dios desconocido, como por ejemplo el estrambótico búnker de hormigón plantificado en la calle principal de La Jonquera, ese pueblo fronterizo en donde el prostíbulo más humilde triplica en superfície habitable al Museo del Memorial.

También estuve en el Memorial de Corbera d'Ebre, titulado "115 dies" para gozo de expertos. La encargada del local se sobresaltó ante el ruido de la puerta que se abría, acostumbrada al silencio sepulcral del lugar que es su signo de identidad. Cuando le exhibí mi carnet de docente que me da acceso gratuito al lugar tuvo una decepción visible: ¡Vaya! Otro día sin ingresos.

Por lo que se puede saber, el Memorial divulga las cosas de la memoria democrática aunque con ciertos reparos. Si uno les pregunta por los catalanes franquistas, o por la relación entre las familias catalanas franquistas y los líderes del procés suelen responder dando largas o explicaciones confusas y protocolarias, dando a entender que este no es su negociado. ¿Memoria? sí, pero solo la que a mi me interesa, pretenden contar.

Por otra parte, el hermano el Memorial llamado Direcció General de Memòria Democràtica se dedica a recibir encargos de descendientes de muertos en la guerra o en la postguerra cuyos cadáveres no han sido encontrados y va sondeando en las posibles fosas, con un índice de éxito digamos que discreto. La memoria de quienes creen saber en donde estaba la fosa ya es muy fiable y el paso del tiempo y la renovación de las generaciones es implacable.

Ambos organismos, por lo que entiendo, comparten algunas competencias: el Banco de la memoria, el listado de fosas abiertas o por abrir, mapas, testimonios y todo lo que uno puede ver en el enlace y que es, sin duda, un trabajo encomiable. Aunque uno no tarda mucho en darse cuenta de que existe un organismo nacional a cargo del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática que se dedica a lo mismo, y cuya web permite acceder a todo tipo de datos sobre la guerra y la postguerra, con una profusión de documentos apabullante. Por no hablar del portal Combatientes, que cuenta con más de seis millones de registros y da acceso al BOE y a los archivos nacionales.

Como llevo tiempo documentándome sobre mi abuelo republicano, también les diré que me ha sido mucho más útil la web del Ministerio que cualquier ingenio autonómico, ya sea Dirección General o Memorial, pero como comparar es incorrecto no voy a comparar.

Acabo de leer que la cosa del Memorial quiere que la comisaría de Vía Laietana se convierta en un nuevo espacio de la memoria, algo que resulta más bien sorprendente. No creo que Barcelona ande sobrada de policías ni veo a la ciudadanía exigiendo nuevos museos, ni creo que los millones de turistas que desembarcan en el puerto se mueran por visitarlos entre una camiseta en el Zara y unos calzoncillos en el Mango. Pero, aparte de eso, ¿cuál sería el coste para el erario público de la resignificación de la comisaría? Y, sobretodo, ¿cuál sería el beneficio para la mayoría de la ciudadanía catalana? Y que conste que eso lo pregunto yo mismo, que tuve a mi padre ingresado en Vía Layetana en los tiempos de Juan Antonio Creix. A mi padre lo retuvieron un par de noches en la comisaría en modo preventivo, durante una de las últimas visitas del Caudillo a Barcelona. Pero, sinceramente, no creo que tenga ganas de visitar los calabozos resignificados aunque la entrada me salga gratis gracias a mi carné de docente español.

Comentarios

  1. Para mí la memoria histórica, el memorial y los añejos será completa cuando me aclaren y devuelvan los cuerpos de estas personas del cementerio de Montcada:
    Hay más de setecientos fusilados en sus muros y paseados por los de las chekas, y allí están, olvidados de todos y por todos.
    Es una vergüenza.
    https://totbarcelona.blogspot.com/2024/04/cementerio-de-montcada-memoria-historica.html

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  2. Me conformo con que cierren la comisaría de Vía Layetana, pero nada de museo, cualquier otra aplicación de uso social

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