Se podría narrar como un milagro: un chico joven, medio francés y medio norteamericano, afirma que la ópera y el ballet ya no le interesan a nadie y se arma un revuelo en el mundo. En el mismo mundo y en las mismas fechas en las que Benji y Donald -nuestros dos sociópatas de cabecera- están bombardeando sin ton ni son. Ahí, en medio de la calamidad de la avaricia y la violencia, un chaval suelta algo sobre ópera y ballet y se lía un zafarrancho. Thimotée Chalamet (este es el nombre del actor medio francés) ha aparecido en los medios de toda clase y de medio mundo, y unos le han reído las gracias y otros le han puesto a parir, y en varios palacetes de la ópera y del ballet han hecho burla de su ocurrencia y le han dedicado sus espectáculos, le han citado o le han invitado. No se me ocurre una noticia mejor: la humanidad debate airadamente sobre ópera y ballet mientras, de fondo, caen bombas como chuzos de punta. Chalamet, sin saberlo, me ha devuelto una brizna de fe en la especie humana...
Actuó el Niño de Elche en el Auditorio de Barcelona para presentar el trabajo "Cruces" o "Cru+es" mejor dicho, en compañía de Raül Refree, coautor de las composiciones. Como suele pasar, el aforo presentaba una media de edad muy superior a los 50 años, y entonces uno se pregunta: ¿después de nosotros quién llenará las salas de música y los teatros? ¿Los que hoy son jóvenes acudirán a esos lugares cuando les aparezcan las canas? ¿Se quedarán vacíos los teatros y solo se llenarán los festivales de música pop al aire libre? Claro está que "Cru+es" no es una composición pensada para el publico juvenil (del mismo modo que las cancioncillas de "La Moda" no están pensadas para mi, pero aún así es preocupante esa ausencia de jóvenes en ciertos espacios. Uno diría que la música solo puede ser buena, regular o mala, y que en ningún caso hay una música para cada edad. "Cru+es" es algo así como un oratorio contemporáneo, oscuro y triste, introspe...