Las reivindicaciones de los docentes de este curso han derivado en la ruptura de la unidad sindical. La unidad sindical es algo así como la unidad de las izquierdas o de los parias de la tierra, una quimera que suena bien pero quimera a fin de cuentas. Entre los sindicatos de docentes con representación están la CGT (de orientación más bien anarquista), la UGT (de orientación socialista), Comisiones Obreras (más bien comunistas), la Intersidical (un pseudosindicato que florece a la sombra de la CUP y de Junts per Catalunya sin que sepa muy bien quien manda más), y la USTEC, mayoritaria en la educación y de perfil nacionalista, con vínculos en ERC. Es un paisaje complejo, como pueden ver. La USTEC es un sindicato corporativo, exclusivo para docentes. Los otros tres son sindicatos de clase, aunque la Intersindical se manifiesta nacional (nacional catalana) y la palabra república aparece entre sus palabras definitorias, al lado de la independencia. Aquí ya tenemos un primer dat...
Se podría narrar como un milagro: un chico joven, medio francés y medio norteamericano, afirma que la ópera y el ballet ya no le interesan a nadie y se arma un revuelo en el mundo. En el mismo mundo y en las mismas fechas en las que Benji y Donald -nuestros dos sociópatas de cabecera- están bombardeando sin ton ni son. Ahí, en medio de la calamidad de la avaricia y la violencia, un chaval suelta algo sobre ópera y ballet y se lía un zafarrancho. Thimotée Chalamet (este es el nombre del actor medio francés) ha aparecido en los medios de toda clase y de medio mundo, y unos le han reído las gracias y otros le han puesto a parir, y en varios palacetes de la ópera y del ballet han hecho burla de su ocurrencia y le han dedicado sus espectáculos, le han citado o le han invitado. No se me ocurre una noticia mejor: la humanidad debate airadamente sobre ópera y ballet mientras, de fondo, caen bombas como chuzos de punta. Chalamet, sin saberlo, me ha devuelto una brizna de fe en la especie humana...