Me lo cuenta un docente, profesor de secundaria. Es un buen profesor, con mucha formación y experiencia, un tipo afable y receptivo, que sabe escuchar activamente. Algunas de esas virtudes ya no son muy comunes. Me cuenta algo que sucedió dos años atrás, durante una "tutoría individual" entre la tutora de sexto de primaria y un alumno de su grupo, de once añitos, al que vamos a llamar Álex -aunque este no sea su verdadero nombre. Álex llevaba un historial de incidentes, disrupciones, conflictos y problemas de toda clase desde el mismo día en el que ingresó en el centro: en Infantil 3. Es decir, a los 3 añitos. Ya entonces era un alumno problemático. Pero fue al llegar a sexto, y durante esa breve entrevista (de menos de media hora) con su tutora de sexto cuando manifiesta: estoy harto de ser chico, quiero ser chica. La tutora informa a la dirección de centro y la dirección pone en marcha el protocolo correspondiente ante el Departamento de Educación. Durante uno de los pasos ...
Tras más de una década de educación emocional en la escuela pública y parte de la privada, no se puede decir que la especie haya evolucionado mucho, ni que se note esa formación en gestión de las emociones. Más bien al contrario: algo ha ido mal. Si la educación emocional pretendía una mejor gestión y, sobre todo, un progreso en la empatía, yo diría que las conductas egoístas han ido en aumento, como si el tiro hubiese salido por la culata. Quizás pusimos demasiado empeño en reconocer las propias emociones para darles una pátina sacra, algo maravilloso e intocable, incuestionable. Estoy airado y por eso insulto, o pego, o me comporto como un neanderthal. Y me quedo tan ancho: son mis emociones y tienes que respetarlas. Si no las respetas me sentiré frustrado y, quién sabe, traumatizado. La educación emocional ha barrido el razonamiento de la ecuación, ha borrado la ética y le ha regalado al "yo" un valor superior. Visto lo visto, parece que la educación emocional ha favorecid...