Reconozco, antes de empezar a desarrollar alguna idea al respecto de la mayor españolidad, que esta situación ya la había vivido no hace mucho, solo que entonces se trataba de ser más catalán que tú. Y todo el mundo conoce cómo terminó el empuje patriótico catalán: una debacle moral en la ciudadanía catalana y el descalabro de los partidos nacionalistas. En efecto, los años más pesados del "procés" fueron -entre otras gaitas, molestias y desastres- una carrera para posicionarse como el más patriota, el más implicado. Se afanaron en definir la patria y el patriotismo de un modo torpe e irracional, se posicionaron como para la salida de una carrera hacia ninguna parte. Eso no sucedió tan solo entre la clase política, el mal transitó hacia la ciudadanía y nadie quería quedarse atrás. Muchos vecinos compitieron por poner la mayor bandera estrellada en su balcón, luego en su tejado, con un mástil más alto que el de al lado. La última camiseta de la ANC, el adhesivo en el coche, l...
Me ha tocado sustituir a una maestra ausente, durante una hora, en un grupo de sexto de primaria. Pregunto qué debo hacer y me responden que no me preocupe, que tienen un examen de lengua castellana y que solo debo vigilar. La respuesta tranquilizadora no me tranquiliza nada. Sé de sobras que no será fácil. Cuando yo era alumno, el profesor que vigilaba durante los exámenes se podía permitir bostezar o incluso hojear el periódico (entonces se leían periódicos de papel), y solo de vez en cuando levantaba la mirada, la desplazaba lentamente de izquierda a derecha y luego regresaba a su ensimismamiento. Hoy, vigilar exámenes es otra cosa. El alumnado levanta constantemente la mano y exige atención. Hay que acudir en su ayuda para evitar un posible motín en el aula. Hacen preguntas sorprendentes, necesitan confirmar que cada parte de un ejercicio está bien antes de proseguir o simplemente preguntan cuánto falta para el recreo. O si puedo ir a mear (sic). Hay una pregunta que se repite...