Se sientan de lado en el aula. Ella es hija de inmigrantes latinoamericanos, muy pobres. Él, hijo de padres españoles de pura cepa, trabajadores precarios. No son muy amigos pero se toleran y se respetan, o eso creo yo. Ella (vamos a ponerle Mariana), saca notas buenísimas en todas las asignaturas. Él (vamos a llamarle Éric), lo suspende casi todo, no trae casi nunca los deberes hechos y le cuesta horrores cumplir con las normas de convivencia. Les devuelvo el examen de matemáticas que hicieron dos días atrás. Mariana ha sacado un 9,25, Éric un 2,5. El examen del niño es una calamidad de errores garrafales. Le pregunto si se sabe las tablas de multiplicar. Me mira durante un par de segundos con una mirada atónita, la misma que pondría yo si me preguntaran por las evidencias de la existencia de Dios. "Me las sé, claro que me las sé, pero no me las sé de memoria", responde él, con un mohín desafiante. Éric cree que ha dado con una respuesta no tan solo buena, también ingeniosa ...
Sabía que existen las personas que no se identifican con la especie animal que les ha tocado. Y puedo comprender que pertenecer a la especie humana resulte penoso muchas veces: admitir que la naturaleza me ha hermanado con algunos humanos demasiado conocidos y demasiado siniestros es difícil. No es fácil sentirse hermano de Donald, por decir algo. Lo que no sabía es que existe un grupo de humanos que han decidido pertenecer a otra especie por elección, aunque la naturaleza les haya regalado un cuerpo humano en una sociedad de humanos. Se llaman Therian, aunque el término "therian" parece cogido por los pelos (y nunca mejor dicho), ya que el grupo "theria", en biología, se refiere a los marsupiales y a sus ancestros extinguidos. Por estos días se están produciendo manifestaciones de personas que se identifican con animales no humanos y que necesitan exhibirse en sociedad. Alguien dirá que eso es un signo del fin de los tiempos y que pronostica el juicio final, pero a...