Isabel se aventura con todo. Por lo poco que de ella sé, nació en una familia más bien humilde y decidió dejar de serlo, para lo cual no reparó en esfuerzos y descubrió que las cosas como la ética y la moral pueden ser más bien obstáculos, leves molestias, cuando uno pretende ascender en la escalera social a todo tren. Que se lo pregunten a Julien Sorel. O a Onofre Bouvila. Descubrió que la política, cuando uno tiene ganas, pocas manías y un solo principio, es un buen lugar para la prosperidad. Y, aunque en la política se cobra del erario público, ella nunca abandonó la fascinación por el oro de los ricos. El ambicioso suele ser de derechas y el codicioso lo es por fuerza, piense lo que piense. Las oportunidades pasan y hay que estar atento. Eso les sucedió al porquerizo Francisco de Pizarro o al bastardo abandonado Diego de Almagro: vieron que zarpaba un barco rumbo a la aventura y se montaron en él. Como cualquier miserable del mundo dispuesto a jugarse la vida en alta mar, Francisco...
Los sociólogos y los psicólogos hablan de la importancia de los vínculos débiles: aquéllas personas con quienes tenemos una relación que no es de una gran amistad ni de amor ni de parentesco. Conocidos, vecinos, compañeros de trabajo. Estas relaciones, a pesar de su debilidad, nos permiten funcionar en el día a día, resolver pequeños asuntos y llevar una buena vida. A veces me pregunto si mis alumnos y alumnas forman parte de estas relaciones débiles y tiendo a creer que así es: afectan a mi vida cotidiana durante varias horas al día, hay multitud de interacciones más o menos funcionales por ambas partes y, sin embargo, el vínculo es débil en el sentido de que, en cuánto yo deje de ser su profesor, a final de curso, el vínculo se desvanecerá. Lo opuesto a los vínculos débiles son los poderosos, los familiares, de los que no podemos desprendernos si no es mediante un acto abrupto y más o menos violento pero que, aún así, siempre siguen ahí. Estoy pensando en el caso de Noelia Castillo, ...