Creo que fue el domingo pasado, cuando una gran algarabía inundó las calles: un grupo de chicos de la cosa del fútbol, todos ellos hombres, todos ellos muy ricos, desfilaron ante el pueblo humilde, que les aplaudía con fervor. Ellos cantaban y reían y bebían, y el pueblo aplaudía cada una de sus gracias. Uno de ellos agitó una bandera con una estrella, y el pueblo aplaudía. Los chicos del fútbol nunca han sido muy listos (quizás por eso juegan al fútbol), y eso le gusta al pueblo: tener la certeza de que se puede ser muy rico sin ser listo y sin estudios más allá de los obligatorios. Muchos niños de hoy admiran a esos tipos ricos que se pasean por la ciudad encima de un autocar haciendo el ganso. El martes siguiente, hubo una manifestación de docentes en las mismas calles. Esta vez, los niños ricos del fútbol se quedaron en sus jacuzzis o en sus chalés y no se molestaron en salir para aplaudir a los docentes. Aunque, a decir verdad, la manifestación de los docentes no pretendía ser vit...
No ganamos para sustos, y se diría que hay alguien muy interesado en mantenernos en estado de susto permanente. Sin duda hay negocio en el susto, por fuerza debe haber negocio en el susto. El capitalismo siempre supo que el dinero está en el río revuelto de los miedos: el miedo a morir, a envejecer o a quedarse solo. La farmacia y la parafarmacia, la cosmética, la intervención estética (des de la operación de pechos o de glúteos a los implantes de pelo o la dentadura perfecta) mueven millones y millones. Solo se trata de avivar los miedos de forma constante y sin pausa. El miedo al terrorismo islámico disminuyó y ahora toca el miedo al virus. Sin duda algo se torció muy mucho con el COVID 19, y muchas generaciones arrastrarán el miedo al contagio. La sociedad parece distinta tras la pandemia de 2019. Ayer mismo vi a varias personas saliendo del Lidl con grandes cantidades de papel higiénico. El susto, a veces, parece inspirarse en los clásicos de la literatura, y en el caso del "h...