Algunos llaman a esa teoría Teoría del Mamarracho. Vaya usted a saber si es más energúmeno que mamarracho o todo lo contrario. Una vez, hace ya varios años, conocí a un tipo con fama de muy liante y de provocador, al cual solían invitarle a muchas fiestas, ya fueran estas de carácter familiar o más lúdicas. Vamos a imaginar que este tipo se llama Tomás, para poder usar un nombre que facilite el relato. El tipo. Tomás, siempre terminaba protagonizando algún altercado, generalmente poco edificante. A veces pimplaba demasiado y se excedía en el verbo y en la conducta, en otras optaba por organizar alguna performance que nadie le había solicitado. Sus excesos solían generar inquietud o incomodidad en el anfitrión, pero en la siguiente cita aparecía de nuevo y siempre oportunamente invitado. En una de estas situaciones, le pregunté al anfitrión por el motivo de la invitación al enrgúmeno que llamamos Tomás. Se lo pensó poco (pero no mucho) y me respondió: es que Tomás es un amigo, es uno de...
Reconozco, antes de empezar a desarrollar alguna idea al respecto de la mayor españolidad, que esta situación ya la había vivido no hace mucho, solo que entonces se trataba de ser más catalán que tú. Y todo el mundo conoce cómo terminó el empuje patriótico catalán: una debacle moral en la ciudadanía catalana y el descalabro de los partidos nacionalistas. En efecto, los años más pesados del "procés" fueron -entre otras gaitas, molestias y desastres- una carrera para posicionarse como el más patriota, el más implicado. Se afanaron en definir la patria y el patriotismo de un modo torpe e irracional, se posicionaron como para la salida de una carrera hacia ninguna parte. Eso no sucedió tan solo entre la clase política, el mal transitó hacia la ciudadanía y nadie quería quedarse atrás. Muchos vecinos compitieron por poner la mayor bandera estrellada en su balcón, luego en su tejado, con un mástil más alto que el de al lado. La última camiseta de la ANC, el adhesivo en el coche, l...