Me lo cuenta un docente, profesor de secundaria. Es un buen profesor, con mucha formación y experiencia, un tipo afable y receptivo, que sabe escuchar activamente. Algunas de esas virtudes ya no son muy comunes. Me cuenta algo que sucedió dos años atrás, durante una "tutoría individual" entre la tutora de sexto de primaria y un alumno de su grupo, de once añitos, al que vamos a llamar Álex -aunque este no sea su verdadero nombre. Álex llevaba un historial de incidentes, disrupciones, conflictos y problemas de toda clase desde el mismo día en el que ingresó en el centro: en Infantil 3. Es decir, a los 3 añitos. Ya entonces era un alumno problemático.
Pero fue al llegar a sexto, y durante esa breve entrevista (de menos de media hora) con su tutora de sexto cuando manifiesta: estoy harto de ser chico, quiero ser chica. La tutora informa a la dirección de centro y la dirección pone en marcha el protocolo correspondiente ante el Departamento de Educación. Durante uno de los pasos de este protocolo, la tutora informa de algo que cree muy significativo: el niño llevaba una diadema en la mochila, que se ponía al llegar al aula. Cuando se iba, se la guardaba de nuevo para que no le viera su padre. Si mi padre me ve con la diadema voy a tener problemas en casa. La tutora decidió colaborar con su alumno y le dijo que, para mayor seguridad, ella misma guardaría la diadema en un armario del aula.
Hoy, cuando el alumno Álex está cursando Segundo curso de la ESO, el alumno ya no es alumno: es alumna. En este breve lapso de tiempo se ha cambiado el nombre por uno femenino y ahora todo va bien. Más que bien, perfecto: no hay conflictos ni disrupciones. Todo el mundo está contento. No consigo saber cómo están las cosas en su casa ni con su familia, ni como lo lleva ese padre que dos años atrás habría entrado en cólera si hubiese descubierto a su hijo con una diadema en el pelo.
Sin embargo, sí consigo saber que había otros factores muy decisivos, como su preferencia por el color rosa y que no le gustaba el fútbol (entre otros del mismo rango). Es ahí donde me detengo y me horrorizo. El feminismo digamos que clásico se pasó décadas contando que el género es una construcción, y que por consiguiente no existen colores femeninos ni masculinos (el rosa y el azul), ni preferencias de ninguna clase que sean masculinas, ni nada que pueda ser considerado verdaderamente de niño o de niña. Y entonces me acuerdo de mi mismo, de mi infancia, y un escalofrío me recorre el espinazo. Cuando yo era niño me gustaba el color rosa, no me gustaba el fútbol (en realidad ningún deporte me ha gustado jamás, incluyendo la gimnasia rítmica, el patinaje o la natación sincronizada) y además jugaba a cocinar con cacharros de cocina en miniatura. Y si alguna vez consideré que era un fastidio ser hombre es porqué lo que me fastidia es la especie en general, no tan solo la mitad masculina. Así que solo me diferencio de Álex en el detalle de la diadema en la cabeza. Por lo demás, lo mismo.
Les cuento el motivo de mi escalofrío: pienso que si fuese niño ahora, y niño igual que Álex (salvo por lo de la diadema), seguramente me habrían aplicado el protocolo transgénero, y me habrían invitado a aceptar mi "verdadera" naturaleza, y yo habría terminado por aceptar que había nacido en un "cuerpo equivocado". A los 11 años somos frágiles e influenciables, y si nos ofrecen la opción de ser -de repente- el protagonista y el centro de atención de todo el mundo, del colegio y de la familia, del entorno entero, es muy probable que aceptemos. Así pues, a día de hoy quizás sería una niña, quizás Luisa o Núria o Montse. Y llevaría toda la vida con fármacos a razón se seis o siete pastillas al día para combatir la naturaleza masculina (una guerra perdida y peligrosa, de consecuencias y efectos secundarios desconocidos), esa naturaleza "equivocada".
Quien les cuenta todo esto sigue siendo un hombrecito, heterosexual sin dudas y de convicción feminista (es decir, igualitaria), y con una militancia constante por el feminismo en mi trabajo diario. Jamás se me ha ocurrido pensar en como podría ser mi vida siendo mujer, del mismo modo que creo en la igualdad de las razas y jamás he pensado en como sería mi vida siendo negro, ni creo que exista un protocolo para oscurecer la piel de los niños o las niñas que, a los 11 añitos manifiesten que están hartos de ser blancos y prefieran ser negros. ¿Porqué no existe el protocolo de ennegrecimiento entre los protocolos del Departamento de Educación?
No es ninguna broma: imagínese que usted es rubio, de piel pálida y ojos azules y que, a los 11 años manifiesta que le gusta el jazz de New Orléans, la pintura de Basquiat y la literatura de Toni Morrison y de Richard Wright. Imagínese que usted lleva un severo historial de problemas conductuales en la escuela y que, a los 11 añitos, su maestra cree que usted es un negro atrapado en un cuerpo de blanco, que la naturaleza se ha equivocado y que debe iniciarse el protocolo para convertirse en negro. Una insensatez, ¿no es cierto?
La teoría de género ha sido el mayor ataque al feminismo que se ha perpetrado en los últimos años, peor aún que las bravuconadas del señor Abascal, porqué el daño es mayor y más profundo.
Pero vamos a dejarnos de politiqueo.
Lo que me intriga es qué será de la vida de esta niña que antes era el niño Álex, qué futuro le espera en los próximos años, y me pregunto qué pasará con esa niña si dentro de un tiempo su maduración psicológica le ofrece nuevas ideas y quiere dar marcha atrás y se da cuenta de que solo era un niño al que le gustaba el color rosa y sacaba malas notas en todas las asignaturas y un cero en conducta, y que todo lo que vino luego fue un engranaje gigantesco que se puso en marcha a pesar suyo, para satisfacción de alguien o de algo que está muy lejos, en algún despacho elegante y, a veces, en un plató de televisión o en un canal de youtube. Álex, o la niña que antes fue Álex, se preguntará donde estaban los servicios sociales y los psicólogos infantiles. Pase lo que pase, no creo que el engranaje haya trabajado en favor de su bienestar ni de su felicidad futuras.

Hablas de servicios sociales y los psicólogos infantiles....Yo podría hablarte con suma propiedad, mi hijo es Educador Social en Hospitalet y su señora es Psicóloga infantil (rama clínica).
ResponderEliminarEn lo primero, los servicios sociales no dan abasto, ya no sólo es el niño, sino toda la familia que va detrás. No hay presupuestos y no hay partidas. Tal como suena.
En lo segundos, también te diré que no hay medios. Que los tiempos de espera rozan los dos años, y que en un una zona de abarca Cornellá, Gavá, Castelldefels y aledaños faltan al menos tres profesionales. Que cuando se les tiene que atender ya han cumplido los años y no les pertoca y que por eso solo se coge a los casos más urgentes.
Comprenderás que no pueda poner nada más. Y he citado localidades.
Tengas buen día.
Del azul al rosa.Es curioso pero en la Edad Media estaban invertidos. El Rosa para los machotes.
ResponderEliminarAyer me decía mi señora, que una vecina se estaba gastando una fortuna en reconstruir se a su edad. Papada, cejas, labios, todo
Saludos
La identidad personal es algo que se desarrolla con el paso de los años, y querer cerrarla con doce añitos es un grave error, porque debería consolidarse al terminar la adolescencia.
ResponderEliminarCoincido contigo en que la manera en la que se tratan estas disfunciones está dictada en un despacho y por alguien que no está cualificado ni preparado para imponer estos “protocolos” a niños y niñas a los que no tiene el placer de conocer.
Un desastre social y personal.
Saludos.
Mira tú puedes tener las ideas que quieras en el asunto del cambio de genero ,pero existen protocolos, leyes. Hace cuarenta años, trabajaba en un centro privado, me vino una chica al despacho ,de que tenía un problema: que le gustaban las chicas. Entonces era inimaginable lo del cambio de género. !Anda, mira esta con lo que me viene! Pero pensé, tenemos un sicólogo en nomina, ya está .Le dije a la chica con tacto, que había una persona, con la que podría hablar con total tranquilidad de estas cosas. Me quité "el marrón de encima" .Puedo considerarlo como un protocolo de entonces
ResponderEliminarLuego iba preguntando al compañero, de cómo iba el asunto, siempre me decía lo mismo: todo bien. Pues muy bien, seguramente seguirá con el mismo gusto, pero lo mismo se casó y tuvo hijos. El humano es complicado. Por cierto era muy "maja" y simpática
Saludos
Todo menos que se corte el pitó, por si alguna vez se arrepiente que nunca se sabe, Es lo que le diría a un hijo
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