El martes siguiente, hubo una manifestación de docentes en las mismas calles. Esta vez, los niños ricos del fútbol se quedaron en sus jacuzzis o en sus chalés y no se molestaron en salir para aplaudir a los docentes. Aunque, a decir verdad, la manifestación de los docentes no pretendía ser vitoreada. Uno, después de muchos, ya sabe que la profesión de docente no se encuentra entre las mejor valoradas del país.
Les voy a exponer mi punto de vista sobre el asunto, y les advierto de que no será un punto de vista demasiado aplaudido: me cuestiono las paradojas y las grietas que hay en todo eso.
La huelga de docentes de hoy (que es el inicio de una larga serie de convocatorias de huelga) se centra en la reivindicación de algunos asuntos.
El asunto del sueldo. Empezando por el principio, podemos contar que el sueldo de los docentes en Cataluña está repartido entre un tramo que paga el Estado (somos funcionarios del Estado) y uno que paga la Comunidad autónoma. El tramo estatal de la nómina ha ido subiendo conforme a las subidas de todo el cuerpo de funcionarios españoles, pero el tramo autonómico se quedó parado hace 19 años. Repito: 19 años. En el famoso 2007 de los recortes del Presidente Mas. Actualmente, los docentes catalanes estamos al final de la cola en el sueldo de las autonomías. Lo que oyen. Ahora, muy recientemente, y tras algunas huelgas, el gobierno autonómico ha acordado con dos sindicatos (UGT y CC.OO.) el aumento del 30% de la parte autonómica. Un 30% del trocito autonómico repartido en 5 años, de modo que para este año el aumento es del 6% en el trocito autonómico, unos 60 euritos al mes. Repito: 60 € al mes. Llegaremos al 30% en 2031, cuando el IPC se haya multiplicado y debamos volver a reclamar.
El asunto de la ratio (o el número de alumnos por aula). Este asunto lleva muchos años en el debate: todo el mundo estaría de acuerdo en que 28 alumnos por aula es una barbaridad de alumnos. Habrán escuchado ustedes a quien contraargumenta que, cuando era niño, había 40 alumnos en el aula y no pasaba nada. Y es cierto. Pero también deberán comprender ustedes que la sociedad de hace 40 años era distinta: eran distintos los valores de la sociedad, la procedencia cultural del alumnado. Había una cierta homogeneidad y algo muy importante: la clase obrera (o trabajadora, o media, como lo prefieran) creía a pies juntillas en la educación como en un factor decisivo de ascenso social. Cuando el ascensor social se estropeó, esa creencia empezó a esfumarse. Se esfumó tanto que ahora casi parece una leyenda. A día de hoy, y sin ir más lejos, les contaré que en una aula "media" de una escuela pública pueden estar representadas 7 u 8 nacionalidades distintas: algunas africanas, otras latinoamericanas, alguna europea y luego están las asiáticas. En mi caso, creo que jamás he tenido a ningún alumno de Oceanía ni de la Antártida (aunque suene a chascarrillo, me entenderán). Una parte de ese alumnado procedente de otras culturas ha nacido en España, pero muchos han llegado hace uno, dos o tres años. Y el docente debe seguir con ellos el mismo currículum de matemáticas que con el alumno nacido aquí de padres españoles. ¿Se lo pueden imaginar? La Consejera dice que reducirá las ratios de forma paulatina, pero a nadie se le escapa que el descenso de la natalidad las bajará en el mismo porcentaje. Quizás nos toma por ignorantes otra vez.
El asunto de la escuela inclusiva. Un gobierno autonómico anterior (liderado por ERC) decretó la escuela inclusiva, que para ahorrarles rollos patateros, significa que la escuela ordinaria debe incluir al alumnado con características y necesidades educativas especiales: trastornos y enfermedades, discapacidades, etc. El decreto lo ha aplicado el gobierno actual, y para compensar la llegada de todo ese alumnado con necesidades especiales ha creado varias plazas de profesorado de Educación Especial. Sin embargo, y a la hora de la verdad, ni las familias de ese alumnado con necesidades especiales ni el resto están de acuerdo con la realidad de las aulas: ni el alumnado con necesidades puede ser atendido como debería ni el aula se puede desarrollar con normalidad. También les ahorraré los detalles, aunque cualquiera se puede formar una idea: imagínese usted un aula con 28 personas de 8 años o 9 o 10, varias de las cuales proceden de diversas culturas del mundo y varias de las cuales sufren discapacidades de más o menos profundidad. A lo largo de las 6 horas lectivas, en varias de ellas la maestra está sola en el aula. En algunas horas aparece la maestra de educación especial y, muchas veces, una maestra que no es de educación especial pero a la que se le ha asignado esta función para rellenar su horario laboral.
Les resumiré: el resultado de todo ello es una escuela pública gravemente, dolorosamente precarizada. Una escuela pública empobrecida y atolondrada que, año tras año, acumula resultados académicos bajos o muy bajos, una escuela pública precarizada que explica el repunte de la matrícula en la escuela privada, ya sea concertada o no. En Cataluña, el alumnado que prefiere la escuela privada supera el 50% y a las autoridades educativas no parece interesarles mucho, aunque es un dato muy preocupante.
Algunas reflexiones suplementarias: el mal estado de la escuela pública catalana no es de ayer. Lleva un largo transcurso. Y me preocupa observar como los sindicatos "catalanes" se han puesto ahora en modo muy reivindicativo y muy combativo mientras no se habían movido tanto durante los gobiernos nacionalistas de Puigdemont, de Torra o de Aragonès. Es más: en las manifestaciones, como la de hoy día 12 de mayo, resuena un eco no muy lejano de las movilizaciones del "procés", como ese gusto por avanzar sobre la ciudad a través de distintas columnas (y sin darse cuenta de que en esas manifestaciones por "columnas" resuena algo de la marcha sobre Roma de Mussolini que tanto inspiró al independentismo).
Más allá de las consideraciones gremiales o nacionalistas implícitas en las reivindicaciones actuales, el deterioro de la escuela pública es una evidencia. Al paso que vamos, y casi sin darnos cuenta, la educación pública empieza a parecerse a la educación pública subsidiaria de tiempos pretéritos: los que puedan, que se matriculen en la privada y, para los que no puedan, hay un sucedáneo de escuela. En esta escuela subsidiaria tendrán entretenidos a sus hijos e hijas pero no esperen mucho de ella. Si ustedes quieren una buena educación, prepárense a pagar por ella. ¿Qué diferencia objetiva hay entre las políticas de los socialistas catalanes y las de los nacionalistas catalanes? Es una buena pregunta que yo no puedo responder todavía.
Creo que nos encontramos ante una situación difícil y muy compleja, en un punto muy delicado en el que deberemos decidir si optamos por lo público o nos rendimos a la economía privada y a sus sinergías tramposas. Creo que nos encontramos al borde de la quiebra, y si ustedes creen en la democracia saben que pronto deberán decidir hacia qué lado nos inclinamos. Tendremos que decidir entre el negocio y la ética. Y sabrán que nos va el futuro en ello, el futuro de la sociedad, que es el futuro de esos niños y de esas niñas de quienes depende todo

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