Tras más de una década de educación emocional en la escuela pública y parte de la privada, no se puede decir que la especie haya evolucionado mucho, ni que se note esa formación en gestión de las emociones. Más bien al contrario: algo ha ido mal. Si la educación emocional pretendía una mejor gestión y, sobre todo, un progreso en la empatía, yo diría que las conductas egoístas han ido en aumento, como si el tiro hubiese salido por la culata. Quizás pusimos demasiado empeño en reconocer las propias emociones para darles una pátina sacra, algo maravilloso e intocable, incuestionable. Estoy airado y por eso insulto, o pego, o me comporto como un neanderthal. Y me quedo tan ancho: son mis emociones y tienes que respetarlas. Si no las respetas me sentiré frustrado y, quién sabe, traumatizado.
La educación emocional ha barrido el razonamiento de la ecuación, ha borrado la ética y le ha regalado al "yo" un valor superior. Visto lo visto, parece que la educación emocional ha favorecido más que nada al egocentrismo. Ahí están esos jóvenes "influencers", satisfechos de sí mismos y de sus ocurrencias, una pura exhibición de egos vacíos de sentido pero llenos de autocomplacencia, lenguaje burdo y orgullosa ignorancia. Tampoco parece que la educación emocional haya mejorado nuestras vidas: el índice de suicidio juvenil no deja de crecer y cada vez se necesitan más psicólogos.
Otro tema derivado del anterior: las horas que se destinan a la educación emocional en la escuela ¿de dónde se restan? Naturalmente se restan de las asignaturas relacionadas con el conocimiento, puesto que las horas son las que son y no hay más. Me temo que, tal como pasa con otras ocurrencias modernas en la educación, no existe ninguna evaluación seria ni contrastada sobre los beneficios de la educación emocional, ningún dato que nos permita decidir si ha sido buena o mala, útil o inane.
Y al mismo tiempo: si la educación emocional pretendía proveernos de matices y sutilezas para analizar mis emociones y las de los demás, se observa una población que tiende a simplificar y a la que cualquier mención a la complejidad le produce un vigoroso ataque de pereza. Durante años, lo más normal en Cataluña era que tuvieras que posicionarte entre unionista o indepe del mismo modo que antes del Español o del Barça y antes de papá o de mamá, de la abuelita Carmen o de la abuelita Milagros. Sin lugar para más opciones, solo son válidos los extremos y las cosas simples.
Hace poco, en la clase de los preadolescentes apareció el asunto de la diversidad sexual y casi todo el mundo puso cara de hartazgo. Un niño resumió el sentimiento general del aula: si hay hombres y mujeres, ¿no sería mejor que sólo existiera la heterosexualidad? Esa pregunta se formula en un aula del año 2026, y entre un alumnado que llega a la adolescencia tras haber "cursado" educación emocional des de los 3 años. Es decir: solo se comprende lo más fácil, lo simple, lo de siempre. Los matices y las zonas intermedias parecen un fastidio.
Y la cosa no termina ahí: el mundo de los adultos también se reduce a un mundo de progres o de fachas, woke o anti-woke. Y ambas opciones son insultos cuando las formula la parte opuesta: quizás "facha" siempre haya sido despectivo, pero a día de hoy "progre" parece todavía más despectivo y "facha" se pronuncia con un cierto orgullo, y quien se proclama "facha" quiere reivindicarse como un hombre de los de antes y de verdad, provisto de los valores eternos: caballerosidad, viejos modales, valores católicos (más católicos que cristianos) y etc. En el otro lado, el "progre" se supone que es el feminista, el ecologista y el partidario de la redistribución de la riqueza y de la justicia social. En paralelo al fracaso de la educación emocional, el discurso sobre la complejidad no ha funcionado y yo diría que avanzan cogidos de la mano, que algo tienen en común. En el posicionamiento en uno de los polos hay algo primario y sin razonar, tremendamente pueril y básico, fruto del impulso y de la pereza.
Si le plantease a alguien por la posibilidad de ser cristiano y feminista, caballeroso con las mujeres y partidario de la justicia social me temo que le estallaría la cabeza o quizás, mejor, me trataría de loco o de imbécil. Y lo resolvería con una pregunta rápida: "Pero vamos a ver, ¿tu eres progre o eres facha?".
Estoy leyendo, despacio y con mucha calma, un librito fantástico de Victoria Camps, "Elogio de la duda", que lleva el magnifico subtítulo "Todo lo que es podría ser de otra manera" y que es un esfuerzo sintético y sobre todo muy bien escrito por plantear como nos alejamos del impulso (de la emoción) a través de la duda y de la reflexión ética, evitar los tópicos, razonar, ponderar. Superar la visceralidad y lo simple. Me dejo llevar por esas páginas eruditas y a la vez tan asequibles, tan bien argumentadas. Escrito en 2017, nos hablan a las personas de 2026 como si las hubiera escrito ayer mismo, ya que en 2017 esa tendencia a la bravuconería y a la simplificación ya estaban aquí.
La mezcla de emociones y de simplificación debe explicar que se hable de "sanchismo" (o de "chavismo", o incluso de "ayusismo") sin que se sepa qué significa cada palabra, ya que la palabra solo apela a una reacción visceral y primitiva, a favor o en contra. El "ayusista" ¿es el que quiere tomarse una caña cuando quiera y donde quiera o el partidario de la privatización de la sanidad?
Pensar exige esfuerzo, mientras que vivir una emoción y posicionarse en un extremo es fácil y barato. Lo dicho: tras muchos años de educación emocional parece que hemos eliminado la duda que nos permite pensar y analizar antes de decidir. Prevalecen las opiniones rápidas y sanguíneas, a bote pronto, los maximalismos como "hombre de verdad" o "mujer de verdad" (expresiones que dan mucho que pensar pero sobre las cuales nadie se detiene a pensar, del mimo modo que nadie se detiene a pensar qué nos hace humanos por si acaso). Quizás exista un interés en que la ciudadanía regrese a ideas más simplonas, que prefiera las vísceras a las neuronas, lo fácil de comprender.
Así que nada, ya lo saben: me temo que pronto, cuando usted vea al recién nacido de su vecina, lo más indicado será preguntarle: y el niño... cuando sea mayor ¿será facha o será progre?

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