A veces tengo la impresión de estarme paseando por la vida como un diletante, alguien que pasea y observa sin tener nada especial que hacer. Estoy leyendo el librito de Josep Pla "Madrid. El advenimiento de la República" que empieza justamente así: contando que se pasea por Madrid sin nada que hacer y que, además, Madrid no le gusta nada, excepto por un clima tonificante y mucho más sano que el del mediterráneo. En Madrid se come mal, dice Pla. Aunque luego matiza: la vida cultural es mucho más interesante que de la Barcelona y hay buenas exposiciones de arte. Josep Pla tiene 30 y pico años cuando se pasea por Madrid con desdén y aburrido. Para su suerte, el 14 de abril de 1931 le pilla en Madrid y todo deviene mucho más interesante: a las tres y media de la tarde, Pla observa como la bandera tricolor asciende por el mástil del Palacio de Comunicaciones.
La vida es tediosa hasta que deja de serlo, y en cuanto deja de serlo uno ya no se pasea: uno vive, de repente, y siente como la sangre bulle en las venas, como cuando el cervatillo huele al lobo. La vida es un sinónimo de la incertidumbre e incluye el peligro de muerte. Quienes hoy lamentan vivir en demasiada incertidumbre quizás lamentan vivir: el ensueño de las socialdemocracias europeas se está desvaneciendo, se huele al lobo por todas partes y vivir se pone interesante.
Algo así debe pensar una señora de cerca de Madrid, concejal de Móstoles, que denunció del acoso al que le sometía el alcalde (de su propio partido, el Partido Popular). La concejal ha entrado, de repente en el vórtice de la vida cuando la vida se pone interesante. Sin duda habrá pensado en aquel proverbio chino que dice algo así: "pide no vivir en tiempos interesantes". Alguien del Partido Popular ha señalado que la concejal es una "mujer ambiciosa" para zanjar el asunto.
¡Una mujer ambiciosa! La locución suena rara y muy diferente si sustituimos a la mujer por un hombre: un hombre ambicioso es casi lo que debe ser un hombre: valiente, ambicioso, emprendedor, tenaz, etc. Sin embargo, "mujer ambiciosa" suena a perversión, a algo inadecuado. Suena a Lady Macbeth o algo así. En el siglo XXI ya bien entrado, la mujer está mejor si se queda en silencio y apechugando: ya ven como son las cosas en Móstoles y en Partido Popular.
Para tratar de comprender un poco más, he buscado datos sobre el alcalde Móstoles, el señor Manuel Bautista. No parece ser el primero de la clase por decirlo de un modo piadoso, y por consiguiente es muy comprensible que la concejal acosada fuese ambiciosa: su jefe deja mucho que desear y en este contexto lo normal es ser ambicioso/a y postularse para sustituirle. La mecánica por la que se asciende en los partidos políticos tiene muy poco que ver con el currículum, con el talento y con las capacidades. Todo el mundo sabe como se asciende en un partido. Y no hay que ir muy lejos: el mismísimo señor Núñez Feijóo tampoco fue el primero de la clase. Su verbo es vacilante, balbucea, sus conocimientos muy escasos, monolingüe, desorientado, torpón.
La mujer ambiciosa se ha hartado de soportar las burradas de su partido y ha dado un paso al frente con la denuncia, y no le ha importado que alguien la amenazara con tener poco futuro en las listas del partido, que es una amenaza pueril y estúpida. La concejal no es Lady Macbeth: es una mujer con las ideas claras a la que se la terminado la paciencia y, por lo tanto, ha decidido poner la cuestión en manos de la judicatura y de la prensa. Y es fácil pensar que su paciencia ha sido enorme, aunque no infinita -tal como le pedían los jerifaltes del partido: aguanta y cállate y tal vez tendrás un premio por tu buen comportamiento, el comportamiento resignado y silencioso que se espera de una mujer española.
Alguien de su mismo partido ha rescatado una vieja idea de los ideólogos contra la igualdad y el feminismo, que afirma: hoy en día, y gracias a la ideología feminista, una mujer puede arruinar la vida de un gran hombre con una simple denuncia. Esta idea la recogió Douglas Murray en "La masa enfurecida" que dudo que el alcalde de Móstoles se haya molestado en leer -después del Marca. Le aporto un par de datos: el alcalde de Móstoles no es ningún catedrático ni intelectual reseñable y, de ningún modo, un gran hombre. Es un político mediocre y un acosador, lo cual le sitúa en un nivel muy bajito de la condición humana.
Quizás alguno de ustedes recordará el caso de Nevenka Fernández, una concejal de Pontevedra por el PP que pasó por los mismos lugares por los que pasa ahora la edil de Móstoles. El caso de Nevenka sucedió en 2001: 25 años más tarde, el partido que aspira a gobernar España (quiera Dios que no lo haga) cae en el mismo proceder lamentable y ridículo. 25 años no son nada. Los portadores de esos valores eternos parece que no aprenden, que no se enteran. Quizás prefieren ponerse en la estela conceptual del pobrecito Santiago A., otro hombrecito que no ha superado la frustración de ser el último de la clase y que todavía se siente humillado porque las niñas de su clase sacaran buenas notas y el, pésimas.

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