Yo mismo, sin ir más lejos, creé ese blog que casualmente se titula "Diario de un unionista", en donde, a pesar de posicionarme de forma clara contra la independencia catalana, siempre usé argumentos y razones y en donde jamás grité "¡Viva España!" ni elogié las oscuras gestas de Don Pelayo como forma de expresar mis ideas. Las ideas son complejas, la realidad es compleja. Cualquier simplificación es un insulto a muchos siglos de pensamiento racional. Del mismo modo que cualquier seguridad inquebrantable insulta la obra de Montaigne, un autor imprescindible para el pensamiento ético. Un autor que ningún político lee.
Eso que ahora se llama "polarización" es la última expresión de la estupidez, del abandono del pensamiento. O con Sánchez a muerte o contra Sánchez a muerte, y para eso alguien pergeñó el "sanchismo", un nuevo "ismo" que sería imposible definir pero que funciona en boca de los políticos más zafios y luego, en boca de los parroquianos apoyados en la barra del bar. Dicho de otro modo: algo que no existe o que nadie puede definir se convierte en el campo de batalla. Hay que ser zoquete. Si no están de acuerdo conmigo, hagan un pequeño esfuerzo (si es que alguien se acuerda del esfuerzo): escriban diez conceptos para intentar definir al "sanchismo". Empiezo yo: algo de socialdemocracia europeísta, uns pinceladas de pragmatismo económico, una defensa discreta de los derechos civiles, un respeto muy respetuoso de las razones del mercado... Es decir: el supuesto "sanchismo" tiene más aspecto de ser un revisión muy moderada del socialismo. En cualquier caso, no es una posición extrema para nada y, sin embargo, se nos quiere presentar como una ideología malísima y salvaje. Es más: la palabra "ideología" se presenta como una opción maligna y anticuada, como si solo el marxismo fuese una ideología y el liberalismo algo natural, neutro y desprovisto de más adjetivos. Es cierto que Pedro Sánchez cometió errores y alguno de ellos es de bulto. Pactar la investidura con un partido de la ultraderecha nacionalista catalana como Junts per Catalunya es, sin duda, el mayor de ellos. Pero incluso eso no define al "sanchismo" más allá de un sentido demasiado ingenuo del pacto con un diferente y sin apreciar el potencial maligno y roñoso de la ultraderecha catalanista.
Todo eso sería tema para una tertulia en cualquier TV. El problema está en que, mientras tomo el café con mis compañeros de trabajo se reproduce la polarización y la simplificación. Por ejemplo, a costa de Nicolás Maduro y el secuestro televisado que ordenó el señor Trump, que tampoco es muy amigo del razonamiento ni de las dudas de Michel de Montaigne y abiertamente contrario a la moderación. Así, personas con las que hay un trato fluído y acuerdos constantes en las cosas del trabajo, en los diagnósticos, estrategias y objetivos, aparece una profunda brecha cuando habamos de la visión del mundo. O con Maduro o contra Maduro.
Como si no supiera a lo que me exponía, sugerí que Nicolás Maduro no es exactamente un dictador o, en cualquier caso, que no ocuparía el primer puesto en una lista de dictadores vivos. En realidad, no sería nada fácil ordenar esta lista: ¿es más o menos dictador Kim Jong-un que Salman bin Abdulaziz? ¿Cómo se deben considerar las supuestas democracias liberales convertidas en democracias autoritarias como Israel, Rusia o los propios EUA? Uno de mis compañeros de trabajo afirma, sin duda alguna, que el pueblo venezolano es más feliz sin Maduro que con Maduro, y de nada le sirve que le aporte datos, como que ha habido tantas manifestaciones en su favor como en su contra o que, en cualquier caso, la operación militar para secuestrarle no se ha hecho pensando en la felicidad del pueblo venezolano si no en la oportunidad de negocio de unos cuantos magnates norteamericanos, o que con el tiempo veremos en qué mejora la vida del pueblo en Venezuela, ya que no hay datos y todo parece depender de los caprichos de un hombre impredecible cuyo respeto por las leyes y los tratados es nulo. Un tipo caprichoso que, por cierto, acaba de ordenar que su país se retire de nada más y nada menos que de 60 organizaciones supraestatales y que canceló todo el presupuesto a la cooperación internacional para el desarrollo.
Mi compañero de trabajo menea la cabeza, apenas me escucha pero en cualquier caso lo niega todo con ese simple meneo. Maduro era un narcotraficante, me asegura, y se queda tan ancho. Del mismo modo que un portavoz del Partido Popular afirma en rueda de prensa que la campaña para las elecciones presidenciales del PSOE las ganó Sánchez con dinero procedente de la prostitución y también se queda tan ancho, como si eso fuese un axioma. Mañana, alguien repetirá lo del dinero de la prostitución en un bar o quien sabe si en la columna de opinión de un periódico. Los extremos generan titulares facilones y llamativos y, por lo tanto, convierten a la política en un producto de entretenimiento para consumo rápido tal como Fast & Furious 3, algo infantilizado y vulgar en donde la violencia es atractiva y el insulto ameno. Políticos y periodistas abandonaron su función pedagógica y se desmayaron en los brazos de la propaganda más zafia.
Lo que nos transmiten es que razonar es cosa de pusilánimes, pactar de cobardes y buscar términos medios y acuerdos, de débiles. No me extrañaría nada que el señor Tellado, al ser preguntado por un tal Aristóteles, respondiera que era un comunista o quizás un sanchista o simplemnte un putero. A no ser que se trate de Aristóteles Onassis, en cuyo caso es un hombre respetable con quien el presidente Feijóo se entrevistó hace poco y en tiempo real.
En 1944, Stefan Zweig publicó "El mundo de ayer" en donde dedicó grandes esfuerzos y casi 500 páginas para advertir de lo que se nos viene encima ante lo mismo que estamos viviendo hoy. Parece que ya nadie se haya leído a Zweig o que, si lo han hecho, lo hayan interpretado del revés por error o a propósito y con mala intención. O quizás tan solo por pereza. Es mucho más fácil aplaudir y luego repetir un eslógan imbécil que leerse 500 páginas para luego aprovechar ese tiempo ganado y verse una serie de zombis en Netflix.
Para el Chat GPT, el "sanchismo" no tiene categoría de ideología. Les reproduzco aquí lo que me cuenta una Inteligencia Artificial:
Depende de cómo se use el término.
“Sanchismo” no es una ideología formal en el sentido clásico (como el liberalismo, el socialismo o el conservadurismo). No tiene un cuerpo teórico propio, textos fundacionales ni principios doctrinales claramente definidos.
En la práctica, el término se usa de dos maneras:
1. Uso crítico o despectivo
Es el uso más común. “Sanchismo” suele emplearse por opositores a Pedro Sánchez para describir:
-
Un estilo de liderazgo personalista
-
Pragmatismo extremo o cambios de posición según la coyuntura
-
Prioridad a la permanencia en el poder frente a principios ideológicos estables
En este sentido, es más una etiqueta política o retórica, no una ideología.
2. Uso descriptivo o neutral
Algunos lo usan para referirse al conjunto de políticas y estrategias asociadas a Pedro Sánchez dentro del PSOE, como:
-
Socialdemocracia flexible
-
Apertura a pactos con fuerzas diversas
-
Agenda progresista en lo social (feminismo, derechos LGTBI, memoria histórica)
-
Enfoque europeísta
Aquí sigue sin ser una ideología propia, sino una corriente o estilo de gobierno dentro del socialismo español.
Conclusión
👉 No, el sanchismo no es una ideología.
Es un término político, generalmente polémico, que describe un liderazgo, una estrategia o una etapa concreta del PSOE bajo Pedro Sánchez.
Si quieres, puedo compararlo con otras etiquetas similares (como “zapaterismo” o “thatcherismo”) o analizar si podría llegar a convertirse en una corriente ideológica más definida.
Aunque a muchos les disguste la Inteligencia artificial, parece que discurre bastante más que un ser humano con cargo de diputado y sueldo de más de 5.000 euros al mes (sin dietas). Si quieren, pregúntenle al Chat GPT si Nicolás Maduro es un dictador que se puede considerar un narcotraficante. A lo mejor la IA es más equilibrada y sensata que el señor presidente de los EUA y quizás llegará el día en el que votaremos a una IA para presidirnos. En Albania, la ministra de Obras Públicas es una IA.

Geminis explica con claridad, que, Maduro es un dictador y narcotraficante.
ResponderEliminarDesgraciadamente o felizmente en España los diferentes presidentes se han ganado el mote acabado en ismo. Sanchez no iba ser menos. No tiene la menor importancia, a mi manera de ver. Es una forma de reconocer personalidad, nada más
Saludos
Podemos concluir entonces que Gemini (que no Geminis) es una IA favorable a Trump y por consiguiente a la ultraderecha populista, o que el Chat GPT es de izquierdas. Vaya lío. Quizás quien consulta a Gemini es partidario de la ultraderecha y busca su sesgo de confirmación, quizás ni las IAs nos salvarán de la estupidez porqué preferimos ser estúpidos y perezosos y creer que Maduro es un dictador narcotraficante.
EliminarGemini, es un buscador, depende de la forma en que preguntes y lo a corrales, te llevará a una solución. No es lo mismo que tú preguntes, con una intención, que lo haga otro con otra intencionslidad.
EliminarCosas de la Tecnología
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