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VOCES DE ULTRATUMBA

En la radio escucho una voz que me resulta lejana y, sin embargo, conocida. Cacofónica, impostada, un deje disfónico. Y otro deje rural, antiguo. Tardo bastante en comprender que es el señorito Puigdemont ese que habla de luchas y de épicas que no soy capaz de comprender. Le veo algo desmejorado, atrapado en una niebla turbia de lírica inútil -tal es la condición de toda lírica, de toda nación milenaria y lírica. El señorito Puigdemont habla con un eco de amplios salones vacíos, antaño llenos de aplausos y hoy de polvo y soledad, un Versalles visto según el ojo de Tarkovsky. Nadie duda de su capacidad para reavivar el ruido entre las masas, más hay algo triste y periclitado en su tono. Quizás lo intuye, quizás lo sabe pero se lo niega ante el espejo cóncavo que le saluda por la mañana y le susurra: -No, Miss Putxi, tu no eres la más guapa de entre todas las princesas catalanas. Al señor Puigdemont le crece el abdomen y las canas descienden ante su rostro, como arañitas de luna. Uno se ...

¿CONOCE USTED A JORDI BALLART?

(Imagen de El Punt Avui) Se acercan las elecciones municipales y en el alterado paisaje político catalán, alterado y ajetreado, puede suceder cualquier cosa. Yo solo les voy a contar una porción muy pequeña de ese rompecabezas pervertido por el nacionalismo y los esencialismos, que le añaden dosis de inverosimilitud a mi desdichada región autónoma. En la ciudad catalana en donde vivo, que oscila entre la tercera y la cuarta por número de habitantes -en una pugna inane con Badalona-, se presentará de nuevo el señor Jordi Ballart. Ballart es de esa clase de políticos anfetamínicos especialmente en las redes, en donde su presencia es constante y abrumadora. Ballart es de esa clase de políticos que, como Trump y tantos otros, no pueden distinguir entre lo privado y lo público y que, por consiguiente, en sus cuentas como alcalde hablan lo mismo y sin distinción alguna de presupuestos públicos que de problemas personales y familiares, de plenos municipales que de enfermedades propias. Un sig...

EL PRIVILEGIO DE LLAMARSE JORDI

Jordi es el alcalde una ciudad, catalana y de los alrededores de Barcelona. Jordi llegó a la alcaldía tras un periplo de claroscuros y triquiñuelas, pero es el alcalde al fin y al cabo. A Jordi le gusta mucho exhibirse en las redes, que usa sin tapujos para aumentar su popularidad y su autoestima. Eso no se le puede reprochar sin que tengamos que reprochárselo, a la vez, a miles de cargos políticos que abarcan todo el arco ideológico. Aunque, dicho sea de paso, jamás sabremos cual es la ideología política de Jordi, ya que su posicionamiento ideológico, al más puro estilo postmoderno, se oculta tanto como se muestra su imagen. En su apabullante discurrir por las redes sociales, Jordi suele confundir lo público con lo pivado, a veces de un modo indescifrable y otras de un modo demasiado obvio, y con intenciones espurias cuando no aviesas. Sin embargo, Jordi dispone de un enjambre de defensores que -cobrando o de gratis, por puro amor al líder- se preocupan tanto de aplaudir sus intervenc...

EL señor Ballart, el alcalde animalista

Mientras me paseaba por el sur de Francia (Altos Pirineos) me encontré con el aviso que pueden observar en la fotografía. Por extraño que resulte, no solo se respeta la norma anunciada si no que nadie ha pintado insultos ni amenazas en la señal. Todo el mundo parece entender que hay lugares en donde no está permitida la entrada a los perros. Es muy sencillo y es por el bien de todos, incluso el de los animales. Hago un breve excurso: en muchas carreteras francesas está prohibida la circulación en bicicleta, y cuando uno se para a pensar se da cuenta de que la prohibición está protegiendo, justamente, a los ciclistas: se trata de carreteras con mucho tráfico y en donde se permite la circulación rápida, con el consiguiente peligro para la bicicleta. Pero volvamos a lo de los animales. Eso funciona así en Francia, país al que nadie puede acusar de no ser democrático o de menoscabar derechos: por poca historia que uno haya leído, sabrá que no se puede decir eso de Francia. Voy a añadir alg...

El populismo alcanza a los gatos

Me levanto con una noticia sorprendente: en mi ciudad de provincias se acaban de pintar unos pasos peatonales para gatos. Se trata de unas huellas color amarillo, que simulan las de un gato pero a tamaño gigante. Leo, atónito, que esos pasos se pintan en zonas próximas a las colonias urbanas de gatos y, aunque el redactado es del estilo confuso propio de la prensa local, uno comprende que quizás también estén destinados a los perritos. Tras leer, dejo caer el dispositivo encima del sofá y levanto la mirada hacia el cielo, aunque lo que veo es el techo blanco marfil del piso. Fuera, tras la cristalera del balcón, cae una lenta ceniza blanca y bailarina que tiene algo de apocalíptico. Hay un incendio lejano, pero la ceniza desciende aquí. El mundo es global. Como el populismo, que se extiende a este paso, titubeante pero seguro. Ahora veremos una huellas monstruosas de gato pintadas en la calzada. Significará que debemos aminorar la velocidad, no vaya a ser que nos salgo un gato. Jamás m...

Fanta sabor a Ballart

La marca Fanta de refrescos ha lanzado un producto de marketing en el que se presenta una nueva bebida de la que no se revela cual es su sabor: cada uno debe adivinarlo. Esta estrategia, que puede resultar divertida cuando hablamos de un refresco, resulta inquietante cuando la usa un político que está ejerciendo el poder. ¿En qué piensa? ¿Cuál es su ideología? ¿Es progresista, liberal o neoliberal? ¿Se puede ser nada y todo a la vez? Por lo que respecta a la cuestión catalana ¿el señor Ballart es independentista o constitucionalista? Eso quizás puede parecer algo menor, pero no lo es, ya que algunos tenemos en cuenta esas posiciones políticas, que suelen ser reveladoras de ciertos talantes. Por lo que me cuentan, el señor Ballart es independentista en el perímetro del centro de la ciudad y constitucionalista en la periferia. Una opción inteligente, pero tan hábil como tramposa. Tan meliflua es su voz como su pensamiento. El señor Ballart es, de algún modo, el sabor incógnita de Fanta ...

Cuando el dedo señala a Boladeras, Ballart mira el dedo

El señor Ballart construyó un equipo de gobierno municipal con los criterios del populismo estricto y con las ideas del personalismo egoísta. Hay una cierta venganza de Hamlet provinciano en su regreso. Usó la teoría de los microgrupos en su campaña. Pura demagogia tecnológica. Para ello invitó a una actriz decadente, cuyos mayores papeles siempre fueron dulcemente secundarios. También invitó a una directora de escuela cuyos méritos siempre quedarán por demostrar. Que la actriz esté fuera de los focos importa poco. Que la directora de la escuelita recibiese una Creu de Sant Jordi de manos de Quim Torra (sin dudad alguna, el peor presidente de la Generalitat), también parece que le importase muy poco. O del revés: para uno que se cree algo, lo mejor es rodearse de dudosos. Los adláteres dudosos engrandecen al actor principal, lo encumbran y lo sostienen. Aún recuerdo cuando aquella directora de escuelita reunió a los alumnos y a los maestros en el patio de la escuela y les exhibió su Cr...