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LA ACELERACIÓN HACIA EL FIN


Quizás todos sabemos que nos acercamos al fin de una etapa, de un tiempo, de una era. Quizás solo sea  una sensación vaga que nos sugiere que esto se termina. Yo mismo contemplo las cosas que hay en el interior de esta mochilita que llevo a todas partes y veo una cajita de Omeprazol, otra cajita de pastillas antihistamínicas de las que se venden sin receta, dos sobres de Almax, un botecito con vaporizador de própolis con equinácea para el dolor de garganta. A veces también hay un par de cápsulas de Nolotil, nunca se sabe. Cada uno percibe la posibilidad del fin (o tan solo de un ligero empeoramiento) y lo gestiona a su manera. Tan solo diez años atrás no llevaba ninguna de esas sustancias en la mochila. En ella solo había la cartera, el tabaco y el mechero.

El fin del tiempo está cada día más presente. Los más multimillonarios se están construyendo refugios a prueba de bombas nuclerares, de revoluciones salvajes y de apocalipsis zombis. La sensación de que nos acercamos al fin está aquí, entre nosotros. Quizás solo se trata del colapso de nuestros sistema, del agotamiento de la democracia, del ocaso del estado del bienestar.

La presencia de este final ya forma parte de nuestra vida diaria. La humanidad siempre ha temido y ha augurado la imminencia o la necesidad (o el deseo) del fin. En las fechas anteriores al año 1.000 de nuestra era, el delirio fue apabullante. En los últimos días de 1.999, todo el mundo se temía el estallido de los ordenadores y las empresas que vendían programas antivirus hicieron su agosto. Luego resultó que no había pasado nada: el 1 de enero de 2.000 fue tan solo un día más, una resaca más y nada más. Nada más hasta el anuncio del siguiente apocalipsis.

En 2012, alguien recordó el viejo asunto del calendario maya, que pronosticaba el fin de los tiempos el 13 de diciembre. En las fechas anteriores al 13 de diciembre de 2012 sucedieron unas cuantas cosas, aunque restringidas al mundo conspiranoico y esotérico, y especialmente en Bugarach, un pico francés cercano a la frontera con España en donde se citaron miles de visionarios que dijeron ser llamados para salvarse, ya que estan seguros de que una flota extreterrestre iría a rescatarles del apocalipsis. Tampoco sucedió nada, como ya lo saben ustedes, aunque las autoridades francesas tuvieron que movilizar a cientos de policías y militares para controlar el descontrol en Bugarach. Hay un documental muy bello y muy interesante sobre los sucesos de Bugarach en aquéllos días, que les recomiendo ver. Es lindo y enternecedor.

Unos días atrás se publicó el informe PISA referido a los resultados de 2026 y los medios auguraron la catástrofe: las generaciones futuras no saben leer, son incompetentes y estúpidas, el sistema educativo español ha colapsado. Semanas atrás sucedió lo de Ceuta, que unos tachan de invasión y creen que señala el fin del gobierno socialdemócrata y, de paso, de la socialdemocracia en general. El fin del estado del bienestar, de las pensiones, de los servicios sociales, de la cosa pública, el fin de la Unión Europea.

El estallido final excita la imaginación. Y algunos quisiseran llegar cuánto antes al estallido. A río revuelto, ganancia de listos. De ahí surge ese movimiento un poco esotérico llamado "aceleracionismo", los partidarios de ir deprisa. Fue el mismísimo Karl Marx quien dijo que la aceleración del capitalismo sería también la aceleración de su fin ya que, cuánto más rápido avanzara, antes estallaría por sus contradicciones, que se resumen en una: la incapacidad absoluta para redistribuir la riqueza y para paliar la desigualdad que está en el origen de todos los males.

Pero para algunos hay prisa, no tanto para llegar hasta el fin si no para hacerse muy ricos y luego que les den a los demás. El aceleracionsimo de derechas propone liquidar la democracia por las trabas que impone, suprimir los impuestos, eliminar el estado. Ceder el poder a las grandes empresas tecnológicas, promover guerras raciales a gran escala, apropiarse de los rescursos naturales sin límite ni respeto por la "ideología" ecologista. Turbocapitalismo, lo llaman. El turbocapitalismo, por el momento, ya ha encumbrado al primer humano billonario, de quien se conoce su absoluto desprecio por la misericordia y la empatía. Un tipo que genera veneración y envidia a partes iguales. 

En España, el suceso de Ceuta les ha venido que ni pintado a los aceleracionsitas nacionales, que han encontrado de repente argumentos y razones para promover el odio no tan solo contra el extranjero: también el odio y el desprecio hacia las normas democráticas y las políticas humanistas, que ahora caen bajo el insulto de "buenistas", como si la bondad fuera un problema que debemos liquidar cuánto antes porqué nos impide ser más ricos y más felices. La bondad implica la aceptación de una maldad que se puede limitar, de unos problemas que se deben afrontar y de una desigualdad que se debe corregir. La bondad nos lleva al malestar y a la asunción de la maldad, y desvela un mundo imperfecto que, pudiendo ser equitativo y justo, prefiere ser desigual e injusto. He ahí el truco: si ser buenos nos produce insatisfacción, será mejor ser malos. Podemos hacer una nueva lectura del clásico de los Rolling Stones "Satisfaction". I can find satisfaction in being bad. Y ese es, más o menos, el eslógan y el credo de los aceleracionistas. Para ser iguales, los ricos deberíamos ser un poco más pobres, pero eso les parece inimaginable. Los muy ricos prefieren un mundo más salvaje.

Miro de nuevo en el interior de mi mochila y contemplo los fármacos que llevo conmigo para resolver los sinsabores que crecen con la edad. Puede que la edad nos haga más sensatos y más tranquilos y más pacientes, y algo más descreídos y más estoicos. Pero la edad también es un engorro. Cuando era algo más joven pensaba que la edad consistía en un pérdida leve de energía, un decrecimiento exponencial y pausado. Ahora sé que eso no es así, y que algo se acelera en el tramo final. No me podrán encontrar entre los aceleracionistas, no comprendo qué ganas tiene esa gente de pisar el acelerador para ir a ninguna parte o hacia un futuro horrible, que viene a ser lo mismo.

Y ahora, mientras calculo si debería comprar más nolotiles o más omeprazoles para aliviar mis dolores, me acuerdo de cuando el esoterismo nos pronosticaba la era de Acuario (un salto espiritual de la humanidad hacia la mística redentora), un futuro de buen rollo y de hermandad. Sonrío con amargura: a los iluminados por la Era de Acuario no se les ocurrió lo del turbocapitalismo o el capitalismo acelerado y sin escrúpulos. Me tomo un Nolotil y busco, en Filmin, "Andrei Rubliev", la peli sobre un monje ruso pintor de iconos que anda entre la esperanza y la desesperanza enmedio de un mundo violento y más bien estúpido.




Comentarios

  1. Creo que lo que no se esperaba es a un presidente de la nación mas poderosa idiota, cínico, poco escrupuloso, animador de las trampas, usurpador, mentiroso, violador, y ladronzuelo, y que además se le tuviera en un altar con millones de votos.
    El cambio de siclo ha sido cosa suya: los Miley, los Mohamed, los Netanyahus, los Bukeles, los dictadores de aldea y el poderoso coreano y el no menos tronado ruso están en su salsa, y son estos los que con ayudo del mono con el arma nuclear están cambiando el sistema.
    No te quepa duda.
    Un abrazo

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  2. "Ciclo" , perdón, me confundí con "siglo".

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  3. Muy bueno, muy bueno el escrito. No se que decirte, lo mejor no pensar tanto, dejarte llevar. Pero claro cada persona es un mundo.
    Saludos

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