En mi casa, el tema de la guerra y los exiliados y las víctimas era cuestión que siempre estaba ahí. El abuelo materno fue el último Comisario de la cárcel de Montjuic en época republica, exiliado en 1939. Tuvo que irse, no había alternativas. Si le hubieran detenido, habría sido fusilado sin dudar. Siempre vi sus fotos, los escasos recuerdos que había guardado mi abuela. Escasos porqué tenía miedo de las inspecciones sorpresa de la policía de Franco. El abuelo murió en Montpellier en 1941, mientras el hombre imaginaba la debacle del ejército alemán y soñaba la invasión de España por parte de los aliados. Jamás supo que sus sueños se romperían, y quizás eso es lo único bueno que soy capaz de ver en su situación. Aunque no sea nada bueno morir a los 40 años.
Lo llaman memoria histórica o memoria democrática, pero para mi solo es la memoria. La memoria que heredamos. En mi caso, la memoria de los vencidos. Des de muy pequeño supe que esa memoria heredada era la memoria de una guerra que los míos habían perdido. Y supe quienes eran los vencedores, y supe que ellos también tienen memoria y que, además de memoria, tienen monumentos por todas partes, y homenajes y desfiles. Supe que los vencedores eran quienes mandaban. Mi abuela, la viuda, jamás se recuperó. Era una mujer demasiado joven y con tres hijos pequeños que no supo ni pudo rehacerse. El dolor de lo que vivió se le quedó en el alma hasta el final, en ese ceño fruncido y triste que arrastró el resto de su vida.
En 2010, el cementerio de Montpellier en donde estaba enterrado el abuelo republicano le comunicó a mi familia que la concesión de la tumba había caducado y que, en el caso de no hacerse cargo de los restos, serían llevados al osario. Un tío mío, por su cuenta y pagándolo de su bolsillo, se fue a Francia, recuperó los huesos, fueron incinerados y despositados en una urna que trasladó en su coche y, por fin, los hizo enterrar en el cementerio de Les Corts. Ninguna institución del Estado se hizo cargo del asunto, nadie le hizo ningún homenaje, ni una sola colaboración. Y estamos hablando de 2010. Eso también es la memoria, democrática o histórica o memoria a secas, como lo prefieran.
Hay quienes prefeieren pasar página, olvidar. Hay que mirar al futuro, dicen, en vez de reabrir heridas. Bueno, quienes dicen eso suelen ser quienes no tienen ninguna herida por cerrar, o bien quienes todavía tienen la herida abierta porque no saben como demonios se puede cerrar. Y luego están quienes prefieren la nostalgia de los monumentos y los homenajes.
Hay, en el pueblo cántabro de Santoña, un monumento al señor Carrero Blanco, que nació en Santoña. Parece imposible pero es así. El monumento es feo, con esta estética fascista y horrenda del hormigón grandioso. Pero he ahí que cuando el gobierno español ha instado a su retirada en nombre de la Ley de Memoria Democrática, el Parlamento cántabro ha inicado el proceso para declararlo Bien de Interés Cultural (BIC, como el bolígrafo). Con los votos del Partido Regionalista Cántabro y, por supuesto, los del PP y de Vox. A día de hoy se promueve su defensa a ultranza.
Algunos años atrás, cuando la primera legislatura de Trump, su ideólogo de entonces, el señor Steve Bannon, se paseó por Europa soltando millones y más millones de euros a los partidos de la ultraderecha de por aquí, esos que ahora se agrupan bajo el denominador de los Patriotas. Tras su campaña y su dispendio de muchos millones, partidos como Vox siguieron en la irrelevancia. Fue entonces cuando un periodista le preguntó a Steve Bannon si no se sentía fracasado por su enorme gasto en sufragar partidos que no obtuvieron mayor reperesentación en los parlamentos europeos. La respuesta de Bannon es para enmarcar, y se resume así: los partidos que financié no fracasaron, ya que los demás partidos han asumido el discurso que yo quería implementar. Fíjense en que, hoy mismo, hay partidos de la izquierda que afirman que lo de Ceuta es, efectivamente, una invasión. Aunque sea una invasión perpetrada por niños en chanclas.
El monumento a Carrero Blanco en Santoña ha saltado a los medios. Un nuevo frente abierto, una nueva escaramuza entre partidos, otro motivo para decir que me gusta la fruta, otra barrabasada para encender debates en las redes, otra ocasión para la irracionalidad, el insulto y la crispación. El monumento a Carrero Blanco es una atrocidad, del mismo modo que los es el monumento a la Victoria que todavía está en Tortosa y en medio del río Ebro y que sigue allí, en este caso protegido por el grupo nacionalista del señor Puigdemont. Algunos preferirían una Ley del Olvido, desearían una pandemia de amnesia.
En nuestro país hay algo tortuoso, algo malsano. El asunto del monumento de Santoña, es ahora, motivo de debates e insultos en las redes, como si alguien quisiera recordar que las dos Españas son irreconciliables para siempre. Por lo que me cuentan, las palabras "Santoña" y "Carrero Blanco" generan durante estos días un número desquiciado de entradas y comentarios en las redes "sociales". Incluso para los robots que monitorizan las redes las dos Españas luchan hasta el fin, incapaces de cualquier atisbo de reconciliación. Y quizás sea así, para desgracia nuestra.


La Memoria Histórica es otro "posible" pero inclasificable nombre. Jamás cumplió sus objetivos, pues no ha sido para todos, sino para una de las partes.
ResponderEliminardesconocóa lo de Santoña, te lo aseguro, pero tengo presente al nombre d ela calle Sabino Arana, , persona inclasificable donde se precie, creador de lo del ADN de los vascos...y las vascas, y con un nombre en una de las avenidas de Les Corts.
Hay dos Españas, y mientras esté como está, todo polarizado, seguirá existiendo.
Un saludo.