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THE BEST IS YET TO COME

The best is yet to come. Lo mejor está por venir. Lo dice un hombre de 80 años, de modo que no debe hablar sobre él, ya que en este caso el pobre no sabe lo que se dice. La frase suena a tópico populista o quizás a amenaza para los que no sean de su palo. Me deja perplejo esa soberbia en alguien que, tan mayor, debería haber aprendido algo. Estoy hablando del señor Trump, por supuesto, y ese tema ya es aburrido. Este pobre hombre solo es un reflejo deformado, un reflejo espérpentico de nuestro tiempo y sus ideas.

Veni, vidi, perdidi. Este podría ser el resumen, escueto y en latín, de cualquier historia personal, o incluso un buen epitafio. Para epitafio, me gusta el epitafio del hipocondríaco: "Te lo dije". Hay quien vive 80 y 90 años con su hipocondría, aunque al final, más bien tarde, su manía le da la razón y la profecía se sumple. Vivir con hipocondría hasta los 90 es algo así como una larguísima derrota, una maldición tan eficaz como lenta. Quizás sea por eso que cualquier historia humana me genera compasión. La flor más bella, el hombre más rico, la mujer más inteligente morirán y alguien se cruzará con su lápida sin tan siquiera saber que allí, bajo esta lápida y tras este nombre, está la más bella, el más rico, la más inteligente. Los más grandes generales terminaron mal: Julio César, acuchillado y desangrado en plena calle a la vista de todos, Napoleón, retorciéndose de dolor de barriga en su exilio forzoso y en la soledad más humillante.

Esa certeza debería inmunizarnos ante la soberbia y la codicia, pero parece que ambas tendencias son más poderosas que el conocimiento. Parece que muchos se aplican un principio que reza algo así como: ya que voy a estar poco tiempo, intentaré molestar lo más posible. O bien: intentaré perjudicar a mis contemporáneos para beneficiarme todo lo que pueda.

Creo que hay vidas que se sostienen por el odio que las anima, y por ese deseo que ver pasar el cadáver de tu enemigo. La bondad da pocos beneficios, no está de moda y no cotiza. Y no solo eso: si alguien tiene la apariencia de bueno, aparecerá otro que sospeche de su falsa bondad, o que insinuará que la bondad es una estrategia comercial. No oso decidir si un tipo como Óscar Camps es una buena persona, desinteresada y altruista, pero en su tiempo no faltaron quienes vieron en "Open Arms" un simple artefacto diseñado para cobrar dinero público. La bondad es sospechosa y por eso va por detrás de la maldad: a un tipejo maligno, egocéntrico y codicioso como Donald Trump nadie le discute si su codicia es una máscara: su maldad aparece como una muestra de transparencia  de sinceridad, y eso es lo que le aplauden. Como si ya nadie creyera en el cuento de Rousseau.

La democracia radical de la muerte molesta a los muy poderosos, aunque esto no es nuevo. Los antiguos faraones pretendían eternizarse a costa de los demás del mismo modo que hoy los muy ricachones invierten en tecnología para la inmortalidad sin acordarse del aspecto que tienen los faraones egipcios a día de hoy: aspecto de mojama. O de bacalao seco. Elon Musk será otro bacalao seco, le guste o no. Sus fantasías futuristas no distan mucho de las fantasías de los faraones. Incluso el refugio nuclear que se ha construído tiene todo el aspecto de sepulcro faraónico. Allí econtrarán su cuerpo amojamado dentro de mil años.

Todos hemos perdido algo por el camino y la socialdemocracia ya no parece confiable, da signos de agotamiento y tropieza cuando aparecen grandes cifras de inmigración que amenazan con colapsar el sistema. Y de eso se aprovechan los que no creen en nada: le cuentan al pobre que su peor enemigo es el más pobre que él. Al catalán nacionalista le cuentan que su peor enemigo es el la inmigración andaluza y murciana. Al nacionalista español, que su enemigo es el inmigrante de otro color y de otra religión y que no muestra el suficiente arraigo, que no es lo bastante español y que, por consiguiente, no merece tener los mismos derechos civiles.

La maldad está de moda: negarle a otro ser humano unos derechos básicos se ha convertido en un buen cartel electoral y es capaz de sacar muchos votos que luego darán permiso a sus dueños para practicar otras artimañas. Vayánse con cuidado, porqué quienes niegan derechos a otros seres humanos quizás solo pretendan mantenerles en la ilegalidad y, por lo tanto, en un mercado laboral muy barato y completamente desregulado. Ándese con cuidado, porque la existencia de un mercado laboral barato y desregulado es un peligro para todo el mundo, también para usted o sus hijos. Quizás la socialdemocracia no esté en su mejor momento, pero debemos preguntarnos qué es lo que viene después de ella. Y no parece muy halagüeño.

Entre los niños chicos, el malote es el líder. ustedes lo habrán visto toda la vida, y sobretodo cuando eran chicos. El malote se granjeaba más simpatías y ligaba más. Una sociedad adulta y racional, sin embargo, no debería premiar al malote. Pero ya lo ven: los malotes exhiben su condición de malotes en todo el mundo y se llevan el aplauso. O el voto. Milei y Trump deben ser los malotes más globales y más atrevidos, y en nuestra pequeña geografía peninsular se acumulan quienes les emulan. En las filas de Vox hay un hombre llamado José María Figaredo que presenta un peinado al estilo Milei y un verbo arrollador, y al que le pronostican un gran futuro por aparecer como un malote de libro. Su familia es conocida en Galicia, y no por ser, precisamente, una familia filantrópica. Pregunténlo y verán.

El pobre señor Feijóo intenta acercarse al malote aunque le faltan ganas y empuje, pero el pobre lo intenta y por eso no duda en soltar mentiras y calumnias, a ver si con todas esas mentiras y esas calumnias se puede pergeñar un aura de malote al borde de la jubilación y con pocas luces pero malote al fin y al cabo. Debe pensar que Donald, a sus ochenta, con un poco de tinte y de maquillaje convence mucho y sin parar de soltar sandeces.

Casi nadie se acuerda de que estamos de paso y de que lo único que dejaremos es lo bueno que hemos hecho para la mayoría de nuestros semejantes contemporáneos y futuros (si es que hay futuro, claro). Casi nadie piensa en el epitafio que quiere dejar, ni pretende dejar una frase bondadosa, bonita o altruista. Piensan en hacerse ricos sin importar demasiado a costa de qué, de quién. Como si existiera la posibilidad de hacerse rico por arte de magia y sin perjudicar a nadie, de ganar sin que otro pierda. Recuerdo que una vez dije, ante un grupo de compañeros de trabajo, que la única forma de llevar una vida digna en este mundo está en la pobreza -aunque no en la miseria.

Creo que casi nadie comprendió mi frase (ni tan solo los creyentes en Jesucristo) y pensaron que había soltado una boutade, fuera de contexto y de lugar, una ocurrencia extemporánea de esas que sueltan los que que ya están un poco más allá del bien y del mal, o de esos antiguos hippis que insisten en sus tonterías y que solo añoran los tiempos del concierto de Woodstock, cuando todo nos parecía posible y la humanidad todavía era un proyecto colectivo.

Comentarios

  1. Hombre, lo que me ha jodido es ver que te das tanto tiempo de vida como el que justo llevo, setenta y tres años.
    La vida, con tu experiencia, ya lo has visto, es una estafa. Un préstamo en el mejor de los casos. Hay quien devuelve el favor, cierto, y hace algo por los demás, aunque sea pequeño, pero lo intenta.
    Esto es un engaño y hata Calderón intentó desmitificarlo y ponerlo suave con eso de que es un "sueño", pero no lo es, cuando se pasa putas no es un sueño; cuando no hay nada en la mesa para comer, no es un sueño; cuando no hay proyecto a setenta años vista, que es lo que podemos malvivir, tampoco es un sueño.
    Es cierto que pasar de esa edad limitada, la que nos señalas, es una bobada, ya no deseas nada, pero hay eso a lo que denominamos conciencia, la suma de tu libertad y tu responsabilidad, y es esa conciencia la que desea morir junto al cuerpo en plena igualdad.
    Que "El te lo dije", nos sea leve.
    Un saludo

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