De aquélla educación pública catalana que fue pionera en los años setenta y ochenta del siglo pasado no quedan ni los rescoldos. Y parece que la pendiente hacia abajo no tenga fin. Incluso quienes confiábamos en el buen hacer de la Consejera Niubó estamos apesadumbrados. Apesadumbrados y tristes no solo por las escasas mejoras que ha aportado o la tibieza en afrontar los retos que le dejaron los gobiernos nacionalistas anteriores. Y ahora nos enteramos de lo que, en un país normal, sería un escándalo: el suceso bochornoso del Informe PISA 2026 (que son las pruebas diagnósticas que se pasan al alumnado de 4º curso de la Educación Secundaria).
El informe de la OCDE denuncia la exención de alumnos catalanes para pasar la prueba tan elevada: un 23,2% del alumnado de Cataluña fue "dispensado" de hacer los exámenes. Y hay que decir que el alumnado que debía pasarlo no era su totalidad, si no tan solo un muestra seleccionada vete a saber como, ya que ni esto está bien explicado. Debían hacer los exámenes unos 2.500 alumnos de los 75.000 que constan matriculados en el 4º curso. La OCDE acepta un máximo del 5% de exclusiones (el alumnado con diagnósticos de educación especial o con problemáticas diversas), pero finalmente han sido excluídos más de 500, de modo que tan solo algo menos de 2.000 han hecho las pruebas. Y -sobra decirlo- con un resultado francamente bajo. Cataluña (o la educación catalana) obtiene una descalificaión bochornosa, aunque eso no será un titular en ninguna parte.
Me dirán algunos de ustedes que las pruebas PISA son cosa de la OCDE, que es una organización empresarial y no una organización educativa, y que sus intenciones tienen más relación con el mundo empresarial que con el pedagógico. Y tendrán razón. Pero, a la vez, cuando un país (o una región, en este caso) acepta participar en la prueba significa que sabe donde se mete y acepta el juego. También me dirán que, años tras año, los mejores resultados se los llevan países de la órbita muy capitalista, ultracapitalista y muy competitiva, y que quizás esas pruebas solo sirven para validar cierto tipo de sociedades y de políticas, y tambén será cierto. Y les respondería, también, con la misma respuesta. Cuando se acepta un juego se aceptan sus normas y se juega limpio, o de lo contrario uno se apea. A mi, personalmente, el aparato ideológico que se mueve en la OCDE me gusta entre poco y muy poco, pero en este caso las preferencias personales importan lo mismo que un comino.
En cualquier caso, la organización de PISA considera que los resultados catalanes no se pueden comparar con el resto: se trata de un patinazo apabullante que descualifica la educación catalana por haber pretendido hacer trampas, lo cual es triste y vergonzoso. Y no se comprende.
Es cierto que cada curso que pasa crece el número de alumnos con diagnósticos especiales, que las problemáticas sociales y de trastorno mental parece que andan desbocadas y que estamos en una deriva de consecuencias imprevisibles. Es cierto que, cada curso que pasa, la educación pública catalana se acerca más a un modelo subsidiario que, con poco disimulo parece soltar un mensaje cada vez más inequívoco: si usted tiene posibles, lleve a sus vástagos a la enseñanza privada. Y, en consecuencia, la enseñanza privada presenta, cada curso, un mayor número de matrícula en detrimento de la pública.
Las recientes huelgas de docentes en el curso pasado y, especialmente en la segunda mitad del curso, han generado un cierto malestar y mucha incomprensión en la opinión pública, lo cual ha reiterado la falta de confianza en el sector público. El encadenamiento de huelgas ha sido más bien confuso, cosa que he podido vivir en primera persona: ¿me puedes contar porqué hacéis otra huelga cuando os han subido el sueldo más que a la mayoría de los trabajadores del país? me lo preguntaron varias veces y des de instancias distintas, y sin acritud ideológica. Y les diré más: incluso el sindicato al que estoy afiliado se desmarcó de las huelgas con un razonamiento comprensible, aunque fue tildado de traidor por los sindicatos que se mantenían en la huelga.
Así, si la confianza de las familias en la educación decrece y casi nadie cree ya en el potencial de ascenso social que proporciona la educación, súmenle la perplejidad ante una serie de huelgas mal justificadas y ahora, para remate, la trampita que ha hecho el Departamento de Educación con las pruebas PISA. El paisaje es deprimente. Y la educación pública su principal víctima.
Aunque tambén es desolador el poco interés público y mediático de estos asuntos, oscurecidos por las grandes victorias futbolísticas. Me lo contaba de forma muy gráfica un amigo, hace poco. Cuando la final del Mundial de Fútbol, advirtió que la juventud se agolpaba ante grandes pantallas dispuestas por los ayuntamientos y festejaban sin tasa los goles de "la roja". La cantidad de jóvenes celebrando el fútbol era increíble, me cuenta mi amigo, y a la vez reflexiona: jamás ha visto a tantos jóvenes juntos en una manifestación para protestar contra el asunto de los alquileres, la educación, la precariedad que les azota.
El panorama es aterrador. Nada favorece más al triunfo de la guerra cultural que plantea la ultraderecha global que una percepcion de lo público como precario y encima tramposo y en decadencia, sumado a una exaltación de los valores deportivos. El escenario de un fascismo rampante que, más pronto que tarde, nos podría llevar a un gobierno autoritario y privatizador que decae los derechos civiles y la inversión pública mientras el pueblo aplaude los goles de unos multimillonarios que dan puntapiés a una pelotita.
Sobre la educación pública sería necesario plantear un pacto regional, aunque creo que eso es muy difícil en una Cataluña atrapada en (¡todavía!) debates identitarios cegados por la lengua catalana y ensimismada en la inmersión y sus mantras, atenazada por los sindicatos corporativos, zozobrada por el decreto de inclusión y sin ningúna objetivo claro. Los discursos identitarios de la derecha alternativa que aparecen en la vida cotidiana están ganando la batalla, por falta de comparencia de la izquierda racional e ilustrada. Que PISA nos pille confesados.

Amic LLUIS: Acabo de venir del ambulatorio. Llevo casi cuatro meses para unas pruebas que me han de hacer y que por un problema burocrático está a punto de resolverse, pero se cumplirán cuatro meses y todavía no me han podido hacer la susodicha prueba.
ResponderEliminarTengo cinco dedos en la mano, de esos cinco puedes quitar tres, y dos son los amigos que tengo. A uno de ellos lo llevan loco entre el médico de cabecera, el de la radiografía, y el especialista (un asunto de artrosis), pero hay tanta burocracia, está todo tan atrasado en las listas de espera y con las huelgas se ha solapado aun más, que al final una ya se rinde...y los médicos de cabecera tambié. Pero no hay manifestaciones, no hay corte de Meridiana y no hay protestas. ¡Somos campeones del mundo mundial!.
Observo que la derecha nos adelanta por la izquierda (qué buen simil ¡¡), y que, tal como hemos hablado con la médica , hoy, al final todo se perderá en la privada.
Lo del informe PISA para mi es inexplicable, porque no puedo suponer bajo ningún concepto que hay un 23% de, sino inadaptados, si personas a las que no seles puede examinar por no cumplir el nivel exigido para dicho examen...a no ser, y esa es otra, que el examen fuera sólo para nuestros representantes políticos, o sease, els nostres Diputats del Parlament de Catalunya, al igual ha sido allí el examen, y se han dado cuenta que no están preparados.
Un abrazo
El deterioro de los servicios públicos esenciales es poco entendible en un país en el que, según nos dicen, todo va viento en popa. Aunque por supuesto que cada autonomía es un mundo en estos casos. Por lo que respecta a la sanidad (pero aplicable a la educación) me pregunto si los centros de atención primaria y las escuelas han crecido de acuerdo con el incremento de la población. ¿Te acuerdas de cuándo Pujol nos dijo que somos 6 millones? Ahora somos unos 8 millones más 200.000. Conclusión: somos un 30% más que entonces, pero a mi me parece que los ambulatorios, los hospitales y las escuelas no han crecido un 30%. Y eso es lo que deberíamos exigir des de posicionamientos de izquierdas, igualitarios y partidarios de lo público. Eso es un argumento socialista.
EliminarMe ha dicho la médica de cabecera que le sabe mal, pero "que nos tendremos que acostumbrar a que una visita tarde cuatro meses" (sic). Me la he creído, porque es tal como lo cuenta. De los que ella conoce de su promoción, así me lo ha contado, sobre una quincena, sólo ella y una compañera se han quedado en Barcelona, el resto ha marchado a otros lugares con mejores sueldos. Hoy me ha dicho que cree que se ha equivocado, pero que con un niño pequeño no se atrevió a dar el paso.
EliminarAsí con la educación, donde hoy un maestro está en situación de riesgo, pues es una profesión tan peligrosa como ser policía en el Bronx.
Sabe mal, pero no le veo solución, LLUIS, no se la veo; hoy importa lo del momento, lo lúdico y la foto del instagram.
Creo que se lucha en una guerra perdida.
Veinte alumnos por clase, apoyos a la diversidad. 4000 euros al mes, libertad programación. En Finlandia.
ResponderEliminarAquí una criba importante en colmolas oposiciones, un buen sueldo, pero no tanto. Deuda del estado con el.Profesorado histórica. Para colmo sindicatos de izquierdas que no ayudan, al contrario...
Saludos
Tengo un dedo gordo y mala vista, sobre movil
ResponderEliminar