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EL NIÑO SE NOS HA GRADUADO... ¡A LOS 12 AÑOS!

Por estas fechas se gradúan niños de Infantil 5 y de Sexto de Primaria. La fiesta de la graduación incluye discursos, tarimas, música, birretes comprados en el bazar chino del barrio, diplomas, trajes, cita en la peluquería la tarde anterior, fotos en el Photocall bajo un arco del triunfo formado por globos multicolores, jolgorio, madres y padres (con atuendo de Zara) grabando vídeos, aplausos, alguna lagrimita.

Quizás nadie haya contado que el grado (lo que permite hablar de "graduación") es algo que se obtiene al culminar los estudios universitarios, pero la verdad es incómoda, molesta, impertinente y, sobre todo, algo que no importa demasiado. Si hay una mentira disponible más bella que la verdad, siempre vamos a preferir la mentira. O la mentirijilla, que ya no se distingue de las gran mentira. Ahora los niños y las niñas se gradúan a los 5, luego a los 12 por segunda vez y quizás al terminar la universidad otra vez, por fin. Todos tendrán un diploma y especialmente esa foto con la ropa elegante en una tarde soleada del mes de junio. ¿A quién le interesa la verdad?

Algunos de estos niños que se gradúan a los 12 añitos se han "graduado" con un número apabullante de asignaturas suspendidas, pero.. ¿a quién le importa eso? Al fin y al cabo, en la secundaria promocionarán cada curso sin importar el número de asignaturas suspendidas hasta que el sistema educativo les dé una palmadita en la espalda y un puntapié en el trasero. Algunos de ellos lograrán una plaza en un Grado Medio de la Formación profesional, y los que no la obtengan podrán aspirar a una de las pocas sillas disponibles en los Planes de Formación Individualizada, antesala de la precariedad y de servir cervezas en la terraza del bar en verano o durante la fiesta mayor. Pero, eso sí, graduados ya lo están des de los 12 añitos, eso que conste.

Es posible que alguno de estos graduados, con el paso de los años, desarrollen cierto sentido crítico y entonces se sentirán estafados por un monstruo que llamarán Estado o gobierno, y varios de ellos querrán vengarse y votarán al parido de la ultraderecha que mejor responda a sus angustias, o quizás se sentirán desplazados por esos inmigrantes que se llevan todas ayudas y entonces también votarán a la ultraderecha, para vengarse del ultraje. Y entonces vendrá el crujir de dientes.

Creo que fue John Dewey quien lo advirtió: la democracia debe reencarnarse en cada nueva generación, cada nueva generación debe saber que los derechos de los que dispone no son innatos ni le cayeron del cielo, que se pueden perder, que se deben defender. Y esos derechos se tienen que defender con trabajo y con esfuerzo, con convicción, con compromiso. Compromiso en el aula, compromiso en la calle, en la familia, en el barrio. Es obligatorio aprender: aprender matemáticas y lengua, inglés, ciencias naturales y sociales. Del mismo modo que es obligatorio aprender sentido crítico y autocrítico, aprender a dialogar, a convivir, a proponer.

Esa graduación fake a los 12 debe ser otro resultado de la educación emocional que se ha promovido en detrimento de la educación racional, de la crítica y de la autocrítica. La educación emocional parece el artilugio ideal para mantener a la clase desfavorecida en su lugar y para garantizar un futuro de mano de obra barata. Es sintomático que la educación emocional haya triunfado tanto en la escuela pública y tan poco en la privada. El bebé es un ser emocional al 100%, pero a los 10 u 11 años un niño ya puede aprender que existe la razón como una herramienta para dialogar con las emociones y mediatizarlas, y que las verdades de la sociedad y del mundo no responden a las emociones si no al principio de realidad, que se puede transformar mediante el ejercicio del diálogo y del pacto. Fue Paulo Freire quién lo dijo: el ser humano no es un ser de adaptación, es un ser de transformación. 

Es imposible transformar el mundo des de este narcisismo que promueve la educación emocional. La graduación a los 12 añitos es una celebración del narcisismo y un engaño a las clases trabajadoras. La clase engañada por antonomasia, la clase a la que le han contado todas las camamas posibles y que luego, enfadada, votará a favor de los que más vayan en contra de todo. La clase trabajadora practicará el voto emocional y desdeñará el voto racional.

Me acabo de enterar de que, en el próximo curso, los docentes del centro escolar en el que trabajo deberemos seguir una formación en eso que se llama psicología sistémica, una pseudodisciplina de la que se conocen pocas evidencias científicas y que se encuadra dentro del universo de la cosa emocional. Me quejo un poco y me responden que ya existe un Máster en Psicología Sistémica en la Universidad, y que el "eneagrama" y las "constelaciones familiares" ya están en el mundo académico, lo cual me parece triste pero nada fuera de lo esperable.

Supongo que, más pronto que tarde, aparecerá un retorno a la racionalidad. Hasta entonces deberemos esperar con paciencia.

Comentarios

  1. Creo que la labor del enseñan te es llegar al máximo de alumnos, a los mejores dotados y a los que no lo están, por una serie de circunstancias. Nunca he considerado que estaba para considerar quién aprueba y quien suspende, quizás porque he tenido hijos y nietos, unos más listos que otros.
    Saludos

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  2. Espero que no te enfades, creo que si tenemos un gobierno con VOX, será por los errores del Socialismo y de la corrupción.,nada que ver con la educación.

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  3. Creo que fue John Dewey quien lo advirtió: la democracia debe reencarnarse en cada nueva generación...
    Efectivamente, y que cambia con los tiempos, y además la ha de gestionar uno mismo, no nos quepa duda.
    Esto no nos viene dado del cielo y cada uno es libre (desgraciadamente para muchos) pues hemos de tomar decisiones (y hay quien las desdeña), y en estas decisiones, la de la Educación (por cierto que la ministra de la cosa está missing), es prioritaria.
    Las graduaciones se han banalizado (¿qué no sé ha banalizado en estos momentos?), y hoy nos hemos adaptado a lo lúdico, pues todo se toma a juego; no hay nada serio.

    Vendrá después lo que nos comentas con mucho acierto: los emigrantes a quitarnos el trabajo (recoger fresas, barrer las calles, acompañar abuelos, hacer las camas al turismo en un hotel, llevarles la cerveza...), y por ello votaremos a Vox. Y vendrá después el que esos mismos foráneos colapsen la SS, tengamos que pagar más por el alquiler del piso, o vayamos de pie en el autobús porque son muchos y lo llenan todo.
    Mientras, vamos celebrando el grado a los doce años de un crío que le cuesta saber como funciona la regla de tres proporcional.
    La directa e indirecta no saben cuando aplicarla.

    Este es el futuro.
    Un abrazo

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