La verdad es que muchas veces, y quizás en mis malos momentos, yo también deseo que gane la ultraderecha en unas elecciones españolas. ¿Qué hay de malo en la ultraderecha? ¿A qué le tiene miedo la ciudadanía?
Voy siguiendo a mi manera loas cosa que pasan en los EUA de Trump, no solo sus bravuconadas contra países pobres de centroamérica, sino más bien como les van las cosas a sus votantes de Boston y de Detroit. La victoria apabullante de la ultraderecha de Trump está llevando al país por el camino de la ruina económica y moral, poniendo en riesgo la convivencia y alterando la vida de cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas.
Los resultados económicos de Trump no llegan o incluso se está empeorando la vida: los precios suben gracias a los aranceles de debían salvarles y los datos del paro son malos. Las protestas son constantes por todo el país (no solo en Minessota): la violencia del Estado se manifiesta de forma descarada y descarnada al tiempo que la población empobrece, el turismo cae vertiginosamente, empeora la imagen internacional de los EUA y los muy ricos se hacen mucho más ricos con todo ese mejunje de desastres.
La supuesta libertad que prometía Donald es la libertad del lobo para comerse todas las ovejas que desee, ya sean ovejas norteamericanas o de cualquier otro lugar del mundo. Las industrias que pusieron mucho dinero (muchísimo) en su campaña pasan a cobrar el favor y Trump se lo agradece sin dismulo alguno, sin ningún aprecio por las formas ni el significado de la democracia.
He leído por ahí que un grupo de médicos neurólogos han estado observando al señor Trump y han llegado a conclusiones muy preocupantes: Donald da muestras muy evidentes de sufrir un deterioro cognitivo importante. La preocupación de los médicos se traduce en una alerta grave: tenemos al mando a un primate armado con un bazoka, y este primate está perdiendo los estribos. A este individuo le han votado muchos millones de personas. Ahí está el tema.
Uno puede comprender que, ante un mundo incierto y tambaleante, acosado por problemas agudos, el elector opte por el candidato nuevo, el que no estaba en política, el outsider que dice las cosas por su nombre y sin cortapisas, el que no se ve atenazado por la corrección política, el que parece hablar con libertad. Es el caso de Milei, por ejemplo, y en España tanto de Abascal como el de Díaz Ayuso, que actúan como versos sueltos y sin aparente autocensura. Uno puede comprender eso: que el elector está harto de los de siempre diciendo las cosas de siempre, pero lo que no es tan fácil de entender es que, ante ese hartazgo, opte por el candidato más energúmeno y más soez. Algo muy malo ha sucedido por el camino que lleva a darle el voto a un energúmeno que siente un respeto más bien leve por los principios sociales de la democracia, que la vacía de contenido para quedarse con unas escasas formas.
Vamos a dejar de mirar a los Estados Unidos de América y vamos a ver el posible paisaje español tras las próximas elecciones, sean cuando sean: el paisaje que se nos presenta inevitable es un acuerdo entre dos grandes fuerzas de la derecha: la derecha de herencia franquista y la derecha de nostalgia franquista, con esas promesas de batalla cultural sin cuartel contra los derechos civiles, el feminismo, la justicia social y cualquier cosa que huela a socialdemocracia, como los servicios sociales o la redistribución del dinero. Lo que se nos viene encima es un gobierno vengativo que querrá abolir todo rastro de socialdemocracia en nombre de la lucha contra el "sanchismo", y en nombre de esta antiideología abolirá con saña y con desparpajo los principios de la Ilustración. Nos acercamos al fin de la democracia social y nos vamos hacia un autoritarismo con aspecto democrático. Nos gobernarán poderes ocultos tras esos líderes balbuceantes como el pobre señor Feijóo, cada vez más pálido y más endeble y más tomado por las garras de esa ultraderecha de nostalgia franquista que le atenazará y que se relaciona con las fuerzas más lúgubres del planeta, esas que están agazapadas en la sombra de los think tanks de Victor Orban, Steve Bannon y algunos magnates tenebrosos, que siempre están ahí, en la sombra.
Quizás está bien que gane la ultraderecha alguna vez: luego sabremos lo que de veras significan esos individuos y sus ideas escondidas. Quizás la victoria de la ultraderecha sea algo sí como la vacuna que te deja enfebrecido y enfermo por un tiempo para, luego, salir inmunizado y más sano, más consciente, más despierto. En Cataluña vivimos hace muy poco el asalto del nacionalismo independentista y ahora, ya lo ven, parece que regresa algo de cordura (incipiente) y que nos damos cuenta del enorme valor de la convivencia a través del pacto entre diferentes y sin olvidarnos del respeto por las minorías, por la diversidad que es el debilísimo sustento de eso que llamamos sociedad, tan difícil de pergeñar como fácil de destruir.
Quizás la izquierda y el centroizquierda se han olvidado de hablarle a la ciudadanía de tu a tu y de contarle las cosas claras, es cierto: el lenguaje ambiguo y a menudo acomplejado de superioridad moral se ha equivocado mucho y ha perdido a su auditorio. Por no hablar de la tibieza ante la corrupción política, que es gravísima porque destruye el principal bastión moral de la socialdemocracia y fulmina sus principios éticos. La ciudadanía debe ser tratada como se trata a las personas adultas, y se debe hacer pedagogía en vez de demagogia. Es posible que, a veces, la pedagogía pase por decir: vamos a probar qué es la ultraderecha cunado gobierna y luego volvemos a hablar. Esperando (y rezando) porqué durante los años de gobierno ultraderechista no se rompa todo y sin remedio y no nos veamos abismados sin remedio en la miseria económica y moral y ética que propone.
Tras una legislatura de la ultraderecha quizás España resurja de nuevo como resurgió tras el franquismo, durante aquéllos escasos años de euforia en donde pensamos que todo era posible. Ya ven adónde me lleva mi pesimismo. Parece que en España solo se entiende la sangre. Por eso los toros y la guerra civil.

Te veo catatosfrista, con miedo.Cuando en España ya ha gobernado la derecha y la izquierda,no sería la primera vez.Vamos alternando,no somos los únicos, pasa en la mayoría de países.Asi que no te preocupes, no pasará nada y no habrá grandes cambios,lo hemos visto otras veces.La Deuda seguirá aumentando,los emigrantes seguirán viniendo,las citas para la atención médica crecerá en tiempo de espera.Todo igual
ResponderEliminarSaludos