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MAL ESTÁ LO QUE BIEN ACABA

La familia Pujol se sienta en el banquillo doce años más tarde. Por alguna oscura razón la justicia se torna lenta a veces y otras es veloz. Contra el fiscal, a la velocidad del rayo. El juicio contra Jordi Pujol llega tarde y cansado, fuera de los focos, apenas es noticia. Quizás ya nadie quiere acordarse del desastre, a nadie le gusta reconocer que proviene del horror.

Así, a pesar de la tardanza y la pereza, no puedo evitar echar la mirada atrás y recordar el largo desierto, el oscuro y largo desierto que fueron los gobiernos de Pujol, el mal profundo que le infligió a la sociedad, no tan solo a la catalana aunque especialmente a la catalana. Fueron aquéllos años muchos años y muy pútridos. Gracias a la edición en facsímil del primer número de El Triangle, enero de 1990, en el 35 aniversario que acabamos de celebrar, recuerdo cosas que todavía retumban en los rincones de la memoria de la infamia y llego a sentir algo parecido a la vergüenza ¿de veras vivimos todo esto sin apenas inmutarnos? En aquéllas fechas que parecen antiquísimas se estaba fraguando todo el entramado de corrupción, clientelismo y desvergüenza que es Jordi Pujol y el pujolismo. Quienes ahora hablan de "sanchismo" será porqué no conocen ni a Jordi Pujol ni al pujolismo, que sacaba mayorías absolutas, al grito de "que es foti la xarnegada"! (y de ahí esa mezcla de vergüenza propia y ajena, aunque yo no voté nunca al partido de Pujol ni a ninguno de los que le apoyaron, a veces sin necesidad alguna, solo por agradarle).

Jordi Pujol cuestiona la bondad de la Transición y de lo que vino después, esos años tan largos de acuerdos bajo mano, de silencios cómplices, de chanchullos que yo te tapo si tu tapas los míos, de escándalos enormes que pasaron desatendidos por una prensa sumisa y obediente que, de nuevo, solo pretendía agradar al amo. Y el amo consideraba que Cataluña (la comunidad autónoma) era su cortijo, su patrimonio particular, y por eso la llamó "país" y consiguió los aplausos de una ciudadanía crédula que se tragó el anzuelo: si me atacan a mi, atacan a Cataluña. O peor aún: atacan a Cataluña para atacarme a mi, puesto que yo soy Cataluña y Cataluña es mía. Ya nadie se acuerda ni quiere acordarse de Banca Catalana. Ni tan solo los estafados por Banca Catalana quieren recordarlo, aquéllo es agua pasada, no hay que remover el pasado, etc. El pasado es eso que siempre vuelve, dice un literato que no conoce Cataluña.

Es probable que el juicio contra Pujol y su clan familiar termine en algo muy parecido al agua de borrajas, una nota a pie de página, una amonestación, alguna sentencia menor contra alguno de sus hijos:  la familia saldrá casi impune y con toda la fortuna que le robaron a su querida Cataluña intacta o más o menos. Por eso mal está lo que bien acaba, y esos finales felices de los poderosos son el peor atentado contra la democracia, esa cosa que ahora tiembla, arrinconada y asustada, ante el embite de unos poderosos más poderosos que nunca y dispuestos a terminar con todo. Porque es bien cierto que la construcción de la autonomía catalana, en tanto que institución y conjunto de aparatos, es obra de Jordi Pujol y algo huele a podrido, a tumefacto todavía, en esa institución que, recién liberada de la pulsión totalitarista de los independentistas, se enroca en un catalanismo pusilánime, de telarañas rancias que nadie osa arrancar. Salvador Illa se entrevistó con Jordi Pujol el día 10 de diciembre de 2025 en el Palacio de Pedralbes. Según dijeron los medios oficiales, para interesarse por su salud. El monasterio es algo que les gusta a los dos, digo yo, algo en lo que coinciden. Cirios y monjas, el piadoso silencio del claustro. La foto de esa reunión es combustible gratis para los motores de la derecha antisistema y un tiro en el pie de Salvador. Otro tiro en el pie.

Leo y releo ese número 1 de El Triangle. Lunes, 29 de enero de 1990. Casi todo está ya allí, en aquéllos días tan tenebrosos en los que solo unos pocos periodistas, sin subvención y con varias querellas a cuestas, se atrevían a contar. Nota: a día de hoy, 1 de enero de 2026, ninguna de aquellos periodistas de El Triangle ha estado una sola vez en los platós de Tv3. Todo está allí, agazapado en el pasado lúgubre, en la sombra fétida. 1990: El señor Lluís Prenafeta tiene algo de mafioso siciliano de la vieja escuela. Los Consellers mantienen sus empresas familiares y se adjucan los contratos a sí mismos y alguien, en algún lugar, empieza a redactar el proyecto más macabro y dañino de Pujol, su proyecto de nacionalización de Cataluña "Cataluña 2000", el programa para introducir el nacionalismo en todos los ámbitos de la vida catalana que cristalizaría más o menos en 2012 y que es la base argumental del "procés". El proyecto de una mente pérfida y corrupta que pretendió instaurar un régimen dinástico: acuérdense de como Jordi preparó a su hijo Oriol para heredar la institución y, por consiguiente, el supuesto país. Y la mitad de la ciudadanía catalana, convertida en "el verdadero pueblo catalán", salió a las calles convencida y exultante y desfiló con las mismas ganas con las que desfila la masa fascista a lo largo de la triste historia del mundo. Y desfiló de día y de noche. De noche, con antorchas. Desfilaron hombres y mujeres, pobres y ricos. Los pobres más engañados que los ricos, tal como es habitual.

Muchos nos tememos que el clan de Pujol saldrá bien parado del juicio. Incluso hay juristas (ya jubilados) que lo anticipan y no dudan en expresarlo en público, que se lo temen, que se huelen el desastre final. Mal está lo que bien acaba para los poderosos. El arquitecto de la Cataluña-nación, el mayor político corrupto de la historia reciente de España morirá en paz y bendecido por el perdón de las togas. Y los demás moriremos avergonzados y tristes y Cataluña se hundirá unos centímetros más en el cieno del nacionalismo, en el ensueño de la nación que quiso ser y no fue (a pesar de Tv3), en el desastre de la trampa asquerosa que nos pusieron.

Mal está lo que bien acaba para los más pudientes: Jordi se irá de rositas, Marta ya se fue para la eternidad de la nada y de rositas, los hijos afrontan el juicio con condescendencia, el país sigue jodido, los periodistas del Triangle siguen en la brecha, en la batalla perdida que es la guerra eterna. A mi solo se me ocurre una forma de vivir con dignidad: vivir en el bando de los perdedores, ser pobre y luchar en una batalla tras otra aunque todas se pierdan. En nuestro caso, bien está lo que mal acaba.


Comentarios

  1. Un tipo al que jamás perdonaré el dinero que le robó a mi madre, todos sus ahorros de Banca Catalana, que tenía depositados en la oficina de Ronda San Antoni esquina Sant Antoni Abad, sucursal San Antoni. Un día de 1982, a mediados de año, mi madre se asustó al escuchar las noticias de la radio. Fue hasta la entidad que estaba cerrada, de ahí se trasladó a Paseo de Gracia, la central, donde había mucha gente en la puerta. Nunca nada más se supo.
    le desaparecieron casi 100.000 pesetas. Nunca nadie dijo nada.
    Se pudra con ellas.
    salut

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  2. La palabra clave es gobernabilidad,Don Jordi hizo posible un gobierno socialista y un gobierno del PP,en momentos difíciles. Algo parecido a lo que sucede ahora con el Sanchismo y los minoritarios.
    Saludos

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