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EL ORATORIO DEL NIÑO

Actuó el Niño de Elche en el Auditorio de Barcelona para presentar el trabajo "Cruces" o "Cru+es" mejor dicho, en compañía de Raül Refree, coautor de las composiciones. Como suele pasar, el aforo presentaba una media de edad muy superior a los 50 años, y entonces uno se pregunta: ¿después de nosotros quién llenará las salas de música y los teatros? ¿Los que hoy son jóvenes acudirán a esos lugares cuando les aparezcan las canas? ¿Se quedarán vacíos los teatros y solo se llenarán los festivales de música pop al aire libre?

Claro está que "Cru+es" no es una composición pensada para el publico juvenil (del mismo modo que las cancioncillas de "La Moda" no están pensadas para mi, pero aún así es preocupante esa ausencia de jóvenes en ciertos espacios. Uno diría que la música solo puede ser buena, regular o mala, y que en ningún caso hay una música para cada edad.

"Cru+es" es algo así como un oratorio contemporáneo, oscuro y triste, introspectivo, un trabajo que en sus letras se aproxima mucho a la mística cristiana y en la música tiene algo de barroco y de mantra. Yo, acostumbrado a escuchar un Niño de Elche político y combativo, muy flamenco o postflamenco, me he sumergido en esa nueva propuesta fascinado por la creatividad del genio. Ahora ya somos unos cuantos siguiendo sus obras y puedo afirmar que el Niño de Elche es una de esas personas que forman parte de mi vida, que están ahí y me acompañan con asombrosos paralelismos.

El cambio hacia la mística del compositor y extraordinario cantante quizás responda a algún signo de los tiempos: entre tanta desazón y tanta incertidumbre, es casi lógico que uno mire hacia otra parte, lo inmanente, quizás hacia lo que está más allá y permanece. Esta aproximación a la mística tiene algo de clásico e intemporal y es fácil pensar en San Juan de la Cruz, aunque el Niño practica una mística que en otros tiempos sería acusada de hereje -quizás como todos los místicos. Más que ascender hacia Dios, el Niño consigue que Dios descienda a la Tierra. Ahí es nada.

La presencia del poema "Salmo XXI" de Ernesto Cardenal en la segunda mitad de la obra concreta algo de ese viaje y lo sitúa, a la vez que es la pieza que más nos acerca a la obra anterior del Niño.

Y aunque en este trabajo la voz del cantante esté más comedida (solo se suelta en un par de ocasiones), sigue siendo esa voz mágica y extraterrena que nos descubre de qué es capaz el grito humano, aunque siempre desconcierta: ¿es posible hacer eso con la voz? Creo que esta es la primera pregunta que me hice la primera vez que escuché una canción del Niño de Elche: Dios mío ¿eso es posible? ¿Es un ser humano el que puede cantar así?

Más tarde caigo en la anécdota: el "Cru+es" y el "Lux" de Rosalía aparecieron con escasas semanas de distancia, y ambos plantean miradas hacia lo religioso, aunque de modos y maneras muy distintas, pero en los dos casos de forma explícita. Cabría preguntarse por eso, porqué pasa eso ahora.

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