Las reivindicaciones de los docentes de este curso han derivado en la ruptura de la unidad sindical. La unidad sindical es algo así como la unidad de las izquierdas o de los parias de la tierra, una quimera que suena bien pero quimera a fin de cuentas.
Entre los sindicatos de docentes con representación están la CGT (de orientación más bien anarquista), la UGT (de orientación socialista), Comisiones Obreras (más bien comunistas), la Intersidical (un pseudosindicato que florece a la sombra de la CUP y de Junts per Catalunya sin que sepa muy bien quien manda más), y la USTEC, mayoritaria en la educación y de perfil nacionalista, con vínculos en ERC. Es un paisaje complejo, como pueden ver.
La USTEC es un sindicato corporativo, exclusivo para docentes. Los otros tres son sindicatos de clase, aunque la Intersindical se manifiesta nacional (nacional catalana) y la palabra república aparece entre sus palabras definitorias, al lado de la independencia. Aquí ya tenemos un primer dato a tener en cuenta para orientarnos en la dificultad de la unidad.
Pero el embrollo es mayúsculo des del momento en el que, a finales de febrero, Comisiones Obreras y la UGT firman un acuerdo con la Consellera de Educación y dejan al margen del pacto a los demás, que se niegan a firmar. En este instante, la USTEC al lado de La Intersindical y la CGT se unen para insultar a los sindicatos que firmaron el acuerdo (traïdors) y promueven una lucha de resistencia numantina. En esta lucha aparecen unas camisetas amarillo independentista por una lado y unos eslóganes muy parecidos a los del delirio independentista de diez años atrás. La Instersindical (ese extraño lugar que comparten la CUP y Junts) organizó una campaña gamberra contra UGT y Comisiones, llena de insultos soeces y acusaciones de toda clase: solo les faltó tildarlos de "botiflers".
Si uno hace un poco de ejercicio de memoria recordará que el colectivo docente fue uno de los más aguerridos en la cosa indepe. Es posible pensar que la debacle del independentismo les haya dejado nostálgicos o incluso melancólicos, y que haya encontrado ahora una grieta por donde colarse en la búsqueda de la emoción perdida. Sin duda, el momento es oportuno: el partido en el gobierno regional es el PSC (ya lo saben el partido del 155) y nunca han digerido bien que el presidente regional sea un socialista en vez de un independentista. La ocasión para recuperar el aliento la pintan calva. Vamos a por ellos.
En la última manifestación (promovida solo por los sindicatos renuentes al pacto con el gobierno), se han producido algunos elementos dignos de reseña: la convocatoria avanzaba desde distintos lugares y todas las "columnas" avanzaron hasta la sede del Parlamento regional. Eso de las "columnas" ¿no les recuerda algo a los fastos que promovieron, antaño, la ANC y Òmnium Cultural? Me dirán que he caído en la conspiranoia y yo les responderé que no. La últimas protestas de los docentes son un spin-off de la ilusión independentista, uno de esos lugares que les permiten reavivar la llamita, recuperar el tono, revivir las emociones tan intensas de cuando pensaron que Cataluña sería el país del helado de postres cada día. Ahora, cuando ya nadie habla de la CUP y nadie se acuerda de su triste papel en la movida indepe, esos chicos y esas chicas que ayer tanto decidieron y tan visibles eran, se levantan de su larga siesta y de su letargo zombificado enarbolando banderas, tirando cuatro petardos e insultando a las izquierdas clásicas. Con camiseta amarillas y manifestaciones que avanzan en "columnas", en el ensueño de otro pasaje de esa revolución que solo sucede en sueños.
Ayer me encontré, en un semáforo, parado detrás de un coche repleto de insignias independentistas, banderitas estrelladas y adhesivos referidos a la reivindicación de los docentes que no aceptan el pacto de los sindicatos de las izquierdas "malas". Después de leer la cantidad apabullante de eslóganes y promesas arrejuntados en la parte trasera del vehículo, me dispuse a mirar de qué coche se trataba. Y descubrí que estaba parado detrás de un Toyota C-HR+eléctrico, cuyo precio se acerca a los 50.000 euros de nada. Quedé algo pasmado.
Hoy he hablado con una compañera docente de las que se manifestó el viernes, y se me ha ocurrido preguntarle a qué colegio lleva a sus dos hijos. Me ha respondido que la escuela pública está tan mal (por culpa de los socialistas) que ha decidido llevarles a una escuela privada de Matadepera. Me informo y descubro que esta escuela no le puede cobrar menos de 1000 euritos al mes si se incluye el autocar y el comedor. La compañera es una independentista convencida, nostálgica y melancólica que se lo pasó en grande en la manifestación del viernes pasado, avanzando por una de las columnas revolucionarias con su camiseta amarilla.

Es lo que pasa cuando los políticos se unen a los asuntos sindicales,ya no sabes quiénes son los que mandan.
ResponderEliminarEntiendo tu amor por la social democracia,los partidos de izquierda,pero los sindicatos deberían estar sin politizacion, sólo para los intereses de los trabajadores,para eso nacieron.Mi hija,en activo fue a la manifestación, no está conforme con el acuerdo de los sindicatos de izquierdas con la Generalitat.No es sindicalista,no es independentista,sólo profesora y lo firmado no arregla la educación pública,ni cómo se hace la inclusión, ni la cantidad de rutinas.Pero claro,tú ya la metes a que no es de izquierda e independentista.Vamos bien.Solo es una profesora.
Saludos