"Nadie me esperaba aquí" es el título del libro que Noelia Ramírez publicó en noviembre de 2025 (Nuevos cuadernos Anagrama) y que yo he leído este verano durante unos días en un pueblecito del pirineo francés en donde tampoco me esperaba nadie. El libro es un ensayo breve, de poco más de 100 páginas, que lleva por subtítulo "Apuntes sobre el desclasamiento".
En un verano de lecturas sesudas (W.G. Sebald, Carrère, Mario Bunge o Patrick Deville), la lectura de Ramírez ha sido com un soplo de aire que quizás no sea fresco en esta canícula que también llegó al Pirineo francés y en una época de calenturas, misiles y drones, políticos exacerbados que usan palabras gruesas. Lo de Noelia Ramírez es un viaje a la adolescencia y la juventud de una chica del extrarradio que consiguió llegar a la universidad con el esfuerzo de aquéllas hijas e hijos de la clase obrera que ahora se desvanece lentamente, tan lentamente como con seguridad.
Es un relato seco y sin florituras ni figuras literarias. La chica poligonera, el barrio de los toldos de rayas verdes, los trabajos precarios para pagarse los estudios, la madre encerrada en la cocina (una cocina que es a la vez cárcel y espacio de libertad), las sospechas sobre el feminismo de las intelectuales que escriben libros quizás porqué una mujer de clase baja está limpiando, cocinando y haciendo la compra, el desubrimiento del feminismo como opción radical, la auténtica revolución. El descubrimiento de los chicos de casa buena en la la Universidad, en donde ella es la exótica. El descubrimiento de que eres una "charnega" sin saberlo. La paradoja de las chicas exóticas de clase baja que de repente se sitúan en el centro del debate cultural y que, de repente, ocultan su origen social o bien adoptan ese rol exótico. Todos conocemos a personas que escriben sus apellidos con una H y un punto que disimula el "Hernández", que catalanizan los acentos (abiertos en vez de cerrados). Hay una extensa literatura del "yo" que se centra en la victimización, en la tragedia íntima, que ha inundado durante años la producción literaria catalana y que ha producido decenas de libros de un escaso valor literario y de pensamiento. Esta tendencia parece que ha pasado, y el libro de Noelia Ramírez debería ser un punto final a esta moda, porué estoy convencido de que fue una moda.
Hubo, una vez, una clase obrera que empujó a sus hijos a estudiar para mejorar sus expectativas y sus oportunidades. Y también hubo unso hijos e hijas que se esforzaron por llegar a las aulas universitarias, con todas las paradojas y los sinsabores que eso conllevava. Pero eso también pasó. Quizás ya nadie cree en el valor de la educación para ascender en al ascensor social, y hay licenciados en arquitectura sirviendo copas en los bares, pero les aseguro que sin estudios solo hay precariedad y cita en los Servicios Sociales. A no ser que uno sea futbolista o influencer, claro.
Les recomiendo encarecidamente la lectura de este libro de Noelia Ramírez. A mi me ha cuestionado mis posicinamientos feministas y los ha reforzado. Soy uno de esos hombres feministas porqué cree en la igualdad de las personas, no porqué tenga una madre o una hermana o una hija, del mismo modo que soy igualitarista en las razas sin necesidad de tener un amigo negro o en las opciones sexuales sin necesitar un amigo gay. Es una cuestión de principios y listos. Pero les diré algo: para un hombre que se considera igualitarista (o feminista), la lectura del libro de Ramírez es un reto profundo que me siento orgulloso de haber afrontado aunque en algún pasaje me haya sentido incómodo: ninguna opción moral resulta fácil ni está libre de paradojas y de contradicciones.
Por eso es muy bueno el libro que les reseño. Yo esperaba leer un libro sobre las mujeres que se sintieron charnegas en esta Cataluña y me encontré en un lugar que no me esperaba. Y eso no tiene precio.

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