Me siento en una mesita, uno de esos pequeños bares restaurantes de pueblo en donde se puede encontrar la mesa de los ancianos, la de los jóvenes, la de los jóvenes latinos, la de los magrebíes con sus cafés y sus cortados. Ya nos quedan pocos lugares en los que las generaciones y los diferentes puedan convivir en paz durante un rato. He llegado a este bar casi de casualidad. La mesa de los ancianos levanta la mirada cuando me ve pasar a su lado y me saludan. Eso tampoco es frecuente, o por lo menos no lo es en las ciudades. Observo que casi nadie está mirando la pantalla de su smartphone: por lo visto, aquí, cuando se encuentran todavía buscan el encuentro con los demás.
Necesito reponerme y pido una botella grande de agua, una ensalada y un bocadillo. Durante la espera (el ritmo de los bares de pueblo es muy pausado) descubro un periódico doblado en la mesa de al lado. Parece un poco ajado pero ¡vaya! es el de hoy. Se trata de "La República-El Punt-Avui", un triunvirato difícil de encontrar en las ciudades. Bajo su largo nombre, el periódico proclama que es comarcal, nacional y democrático. Me intriga lo del "periódico democrático" pero ya les adelanto que, cuando termino la lectura, no he podido descifrar su significado. La portada del periódico lleva una grandiosa fotografía de Francesc Cambó sobre fondo rojo. "Un político controvertido", llama al político de la derecha nacionalista catalana que fue uno de los primeros en mandarle dinero a Franco para sufragar su levantamiento. Por lo que se cuenta, el viaje del Dradon Rapide corrió a cuenta de Cambó, el profascista que todavía tiene monumento y avenida con su nombre en Barcelona.
En las escasa páginas solo se reportan cuestiones locales, de la provincia. Hay muchas columnas de opinión, muchísimas. Entre ellas descubro una bastante anodina y escrita con pocas ganas que lleva la firma de la señora Marcela Topor, la esposa de Carles Puigdemont. La leo en diagonal ya que no merece mucha atención, es una prosa facilona y previsible, casi impersonal. El resto de los columnistas muestran un sesgo muy nacionalista de la cosa catalana, claro está, y un tono más bien agresivo (o mejor: pasivo-agresivo) hacia la cosa española. También me encuentro al ínclito Salvador Cardús, antaño uno de los guías espirituales del "procés" y que ahora insiste, impasible el ademán, pero en un medio pequeñito. La única referencia a España está en un artículo sobre Ceuta y los sucesos que allí acontecen que solo se usa para concluir que España está fatal y que lo mejor sería la independencia.
También hay un artículo sobre las posibilidades de la señora Sílvia Orriols para romper el "eje social-nacional" (sic) y dos páginas dedicadas a una joven representante de las juventudes cristianas de Montserrat, en donde se destaca la necesidad de vivir el cristianismo des de una "perspectiva nacional" (nacional catalana, claro). Varias de las columnas arremeten contra el PSC y Salvador Illa, y se nombra de forma recurrente al señor Jordi Pujol, el que puso las semillas para el despertar de la conciencia nacional y desbarató el proyecto socialista que, en 1976, pretendía vaciar Cataluña de contenido (también sic). En resumen, todo es "lo nuestro", lo catalán. Cuando uno termina de hojear eso más parecido a un panfleto que a cualquier otro formato, lo que más desea es encontrar un periódico de verdad. Sin embargo, no hay más prensa en todo el bar. Luego caigo en la cuenta de que el local, regentado por una familia de procedencia latina, posiblemente tenga ese periódico aquí porqué alguien se lo regala. Me pregunto: ¿de qué fondos vive un periódico tan inane como este?
En la pantalla del televisor, un canal de Youtube infinito transmite (quizás en streaming) un fiestorro de música flamenca bastante insulso en el que, de vez en cuando, suena algo de Camarón o de Los Chichos. El periódico nacionalista y la música de Los Chichos, juntos en un mismo especio y al mismo tiempo. Eso me genera una sonrisa y es entonces cuando pienso: eso debe ser la democracia, esa convivencia tranquila entre la diversidad. La dueña del local habla en castellano latino, la empleada, en catalán gerundés. Me gustaría saber qué opinarían de eso cualquiero de los múltiples columnistas de "La República-El Punt-Avui". Bueno, en realidad prefiero no saberlo.
Un conocido mío, hombre de cultura amplia, me dijo, a principios del verano, que el "procés" había convertido a Cataluña en la provincia de la provincia, una provincia al cuadrado. El empeño por convertir Cataluña en la naciín grande, una e independiente, solo ha traído pequeñez y desgracia. La cultura catalana está ausente, quizás porqué sigue ensimismada. ¿Qué hay del teatro? ¿Qué hay de la música? ¿Qué hay de la literatura? La mayoría de los creadores catalanes se apuntaron irreflexivamente al movimiento separatista, posiblemente con el ánimo de caerle bien a la autoridad autonómica con ansias de nacional, y cuando digo "caerle bien" me refiero al ánimo de no perder subvenciones o favores, ya sea de las autoridades o del público nacionalista. Ambos desaparecieron.
Hoy es 6 de septiembre. Estamos a cinco días de la "Diada Nacional" y en un peródico como "La República-El Punt-Avui" no hay ni una sola convocatoria para ninguna manifestación. El empuje que llegó a ser tan hegemónico como asfixiante de años atrás se ha desvanecido por completo y eso es casi un fenómeno paranormal, algo parecido a un milagro. Y es muy soprendente, si uno lo piensa bien. ¿Cómo se ha evaporado hasta el cero absoluto aquélla reivindicación que parecía imparable?. Los columnistas del periódico que acabo de leer acusan al señor Illa de haber desmobilizado el nacionalismo, pero es evidente que el señor Illa no tiene tanto poder ni es el demiurgo capaz de borrar el sentimiento nacionalista de las almas de los catalanes más furiosos.
Creo que es completamente cierto: el "procés" mandó a Cataluña hasta la categoría de provincia, una provincia más, y más bien discreta. A cinco días del 11 de septiembre, solo este periódico de pueblo reivindica algo entre estertores y lamenta, en realidad, que Cataluña sea algo así como Murcia pero con más PIB, porqué quizás sea eso lo que les duela: la realidad. Y la realidad nos cuenta que un catalán no es más que un murciano, le pique a quien le pique.
Por fin llega mi ensalada y mi bocadillo. Doblo otra vez el periodiquito comarcal y lo dejo a un lado. Nadie viene a buscarlo. Cuando la camarera recoje mi mesa una vez he pagado, se lleva los platos y el periódico. Los platos irán al lavavajillas y el periodiquito, a la basura.

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