Les voy a hablar de la teoría de la simulación pero empezaré por hablarles del misterioso B. Traven (¿quizás Bruno Traven?), del que jamás se supo gran cosa. Se sabe, eso sí, que es el guionista de "El tesoro de Sierra Madre", la película de John Huston de 1948. Se ha especulado con que B. Traven fuera uno de los muchos nombres que un tal Ret Marut, actor, escritor y anarquista alemán que se empleó a fondo en no dejar rastros de su verdadera identidad y en escribir poesía y panfletos subversivos. Se las ingenió para colocarle el guión de la película a los cineastas americanos sin llegar a revelar ni tan solo su aspecto: la única foto que se le atribuye es dudosa y parece ser que obtenida por la policía londinense en 1923, cuando le arrestaron por un altercado anarquista. En alguna de sus muchas detenciones afirmó ser nacido en los Estados Unidos de América y concretamente en la ciudad de San Francisco. Se sospecha que alegó este nacimiento porque era consciente de que todos los registros de San Francisco desaparecieron en en el terremoto y el incendio de 1906. Es lícito preguntarse: ¿existió de veras B. Traven?.
Pues bien, entre lo poco que se conoce de B. Traven, está una afirmación suya en la cual dice que solo se siente tentado de creer en Dios porque esa sería la única forma de explicar un mundo tan desastroso como el mundo en el que vivimos: tan solo un Dios torpe y estúpido habría podido crear este desastre. Es decir: a Traven le resultaba imposible creer que un proceso natural nos hubiera llevado a tal calamidad y solo por eso estaba dispuesto a aceptar la intervención de un ser superior, pero estúpido.
Mientras escribo los párrafos anteriores me detengo un instante ante una duda. Quizás la afirmación de Traven no es de Traven, si no de un poeta surrealista francés que se arrepintió del surrealismo y dijo pestes de él. Por desgracia, no recuerdo su nombre, como si me lo hubieran borrado de la mente o como si jamás hubiera existido.
Con todo eso ya me he acercado al lugar al que pretendía llegar. Que es la teoría de la simulación. Esta teoría pretende que la realidad que habitamos es una simulación informática hecha por unos seres desconocidos. No se crean que es la teoría de unos descerebrados: la formuló en 2003 el filósofo sueco Nick Bostrom, nacido en 1973 y profesor de Oxford. Su tesis de que estamos viviendo en una simulación dentro de un ordenador a cargo de una civilización muy superior se sustenta sobre un principio irrefutable: es imposible demostrar que no es cierto. En 2020, el escritor francés Hervé Le Tellier ganó el premio Goncourt con la novela "La anomalía", una novela anómala dentro de la nómina de los premios Goncourt y que parte de la teoría de la simulación.
En algún momento de la novela, Le Tellier se pregunta si no sería posible la siguiente hipótesis: los neanderthales, teóricamente desaprecidos hace decenas de miles de años tras su encuentro con los cromañones, no desaparecieron si no que siguieron evolucionando, de modo que la raza extinguida fueron los cromañones (de los que descendemos, según la ciencia). Hasta que unos neanderthales muy evolucionados y provistos de una muy alta tecnología, se propusieron una simulación por odenador muy avanzada que respondiera a la pregunta: ¿cómo sería la humanidad si los cromañones hubieran triunfado en el choque cultural? ¿cómo habrían evolucionado y hasta donde?.
Tiene razón Bostrom: es imposible negar esta hipótesis, de modo que debemos vivir con esa posibilidad en nuestras vidas. Quizás solo somos un juego en un ordenador, un enjambre de circuitos que interactúan mientras alguien nos observa en una pantalla y quizás se ríe. Dirán ustedes que eso es una locura, o una paranoia que solo conduce a la locura. Y, curiosamente, eso se le ocurrió al escritor norteamericano Daniel Francis Galouye, nacido el 11 de febrero de 1920 en Nueva Orleans. Galouye publicó, en 1964, la novela de ciencia ficción Simulacron-3, en la que se plantea todos esos problemas. Observen ustedes que Galouye es muy anterior al filósofo sueco. ¿Algo falla en el orden cronológico de la simulación? ¿Esos fallos abundan en la posibilidad de estar viviendo en una simulación que, como todo, contiene errores? Hay un dato interesante en todo eso. Un director de cine alemán que parece muy alejado de la ciencia ficción como Rainer W. Fassbinder le dedicó una cinta de nada más y nada menos que de tres horas y pico de duración a la adaptación de la novela de Galouye: "Welt am Draht" (el mundo en un cable o "Mundo conectado", en su versión española) en 1973. Y les advierto: es una cinta de ciencia ficción fabulosa que merece la pena ser vista.
La cinta de Fassbinder adapta la novela del escritor de Nueva Orleans, se adentra en el lenguaje de la ciencia ficción y a la vez explora el mundo de la paranoia y la locura en un equilibrio de fuerzas que delata un guión elaborado y minucioso como los que se escribían antaño, con diálogos brillantes, escenas hipnóticas, crítica social y esos decorados que Pedro Almodóvar no consiguió superar: ganó Fassbinder con su estética y su paleta de color insuperables.
Cuando descrubrí que un cineasta como Fassbinder había adaptado una novelita americana de ciencia ficción me vino a la mente un solo pensamiento: eso es un error del ordenador de la simulación en la que vivimos. Sería algo así como pensar de Andrei Tarkovsky hubiera adaptado para el cine una novelita breve de ciencia ficción de, digamos, Stanislaw Lem.
La teoría de la simulacióne es preocupante y discúlpenme si de repente les altera el sueño porque empiezan a sospechar que es demasiado plausible porqué solo así se explica el enigma de las sincronicidades (que serían pequeños errores de programación), las cosas raras que les ocurren en el trabajo, las casualidades inexplicables. O la existencia de un personaje tan fuera de lugar como Donald (no me refiero al pato) o a la burda absurdidad de que la clase obrera, los inmigrantes latinos y los parados voten por Donald. La teoría de la simulación, es decir, los errores en la programación, explicarían que un partido liderado por una panda de ignorantes, vagos y bárbaros como Vox tengan tan altas expectativas de voto en España, la existencia indemostrable de un tipejo raro que se proclama exiliado en Waterloo y del que se tienen pocos datos fiables, el lenguaje decimonónico de la señora Sílvia Orriols, la presencia de terraplanistas y de personas que niegan la llegada del hombre a la Luna o la evidencia del cambio climático, los hijos de obreros que defienden el papel de los inversores para resolver el asunto de la vivienda, los pobres que quieren pagar pocos impuestos porqué creen que así tendrán más dinero y serán más felices o esos fondos de escenario en los discursos del señorito Feijóo en los cuales decenas de jóvenes de apariencia normal aplauden sus sandeces.
Ya lo ven: la teoría de la simulación nos ofrece un alivio y a la vez una preocupación. El alivio: si todo eso es tan solo una simulación no debemos preocuparnos mucho, ya que en realidad no existimos y todo el mundo es una camama digital, incluyendo a Elon Musk y las redes sociales. En el mundo real alguien se lo está pasando en grande mientras nos observa como el niño que juega en una pantalla. La preocupación: si todo esto es tan solo una simulación, ¿porqué nos devanamos los sesos? ¿porqué nos comportamos?.
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