Quienes tengan más o menos mi edad o sean más jóvenes pero muy cinéfilos recordarán una cinta mítica de Éric Rohmer, "Le genou de Claire", que no tan solo es una cinta muy bella si no que nos enseñó algo sobre el amor, el erotismo e incluso -quien lo sabe- el fetichismo. Yo jamás olvidé esta película de Rohmer, al igual que otras de su filmografía. Es más: retengo perfectamente algunos fotogramas en mi memoria, como si la hubiera visto ayer mismo.
A día de hoy la prensa habla de otra rodilla, la de un tipo de que se llama Christian y que creo que usa la rodilla para lanzarle puntapiés a una pelota. Me deprime ese giro triste del tiempo, el giro retrógrado y conservador, el giro machista. Hay muchos hombres y muchos periodistas interesados en la rodilla de Christian Mbappé. Quizás también se trate de fetichismo, o de un fetichismo más dedicado al dinero que a lo erótico: des del lejano año de 1970 en el que Rohmer filmó "Le genou de Claire", a los hombres de ahora les interesa más la rodilla del futbolista. ¿Se han vuelto homosexuales todos los hombres?
Mi padre, que descansa (supongo que en paz) des de hace más de quince años, jugó al fútbol semiprofesional en su juventud, luego lo dejó para dedicarse a la política como aficionado y posteriormente no se interesó jamás por ese deporte. Estaba convencido de que había algo malsano en el interés excesivo de muchos hombres por contemplar a once tipos jóvenes en pantalón muy corto: siempre pensó que el aficionado oculta un deseo homosexual más o menos disimulado. Mi padre quizás había descubierto el erotismo de la rodilla. En la literatura se suele mencionar el tobillo de la mujer como objeto del deseo o de la obsesión, quizás porque durante siglos era la parte más íntima que exhibían las mujeres. En este caso, la rodillla del futbolista de hoy sería lo mismo que el tobillo de la joven: Mbappé no muestra nada mucho más arriba de la rodilla, tan solo un palmo de muslo. ¡Vaya! A lo mejor quienes hablan de la rodilla del futbolista están pensando en ese palmo de muslo encima de la rodilla. Todo podría ser.
Una vez situado en el mundo de la literatura amorosa antigua y de esas rodillas tan preciadas (incluso un catalán vanguardista como Salvat-Papasseit habló de la "amiga del dolç turmell, com una vela s'enfila" (amiga del dulce tobillo, como una vela se levanta), en uno de sus poemas eróticos: "Quina grua el meu estel" (versionado por Joan Manuel Serrat), me doy cuenta de lo mal que estamos hoy en día. En vez de sugerentes tobillos, al pueblo le excita la rodilla de un millonario un poco zoquete que solo le ha aportado puntapiés a la historia de la humanidad.
Y así con todo. Quizás envejecer consista en esa contemplación dolorosa e impotente de la caída del mundo que es un reflejo indistinguible de lo que me sucede a mi. Pero aunque eso sea una posibilidad muy verosímil, seguiré prefiriendo la rodilla de Clara, que era la rodilla de Laurence de Monaghan, a la rodilla de este balompedista más bien cazurro que confunde la rodilla izquierda con la derecha, del mismo modo que hay quien dice que las derechas y las izquierdas son casi lo mismo y que eso da igual, y que lo único que importa es pagar pocos impuestos y tener dinerito en el bolsillo o que se vayan los inmigrantes. Inmigrantes como el Mbappé de la codiciada rodilla.

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