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LA DECAPITACIÓN DEL PRÍNCIPE ANDRÉS PREOCUPA A LEONOR


Carlos I de Inglaterra fue decapitado el 30 de enero de 1649. Aunque sea un hecho lejano, no hay que olvidarse de él. El rey de Francia también fue decapitado, un siglo y medio más tarde. El último reyezuelo italiano se exilió a toda prisa en 1946. En España hay varios reyes que han tenido que largarse por patas y muchos de ellos hicieron méritos para ser decapitados, pero todos se libraron. Los hay con suerte. La monarquía es una institución que cuelga de un hilo y avanza y se tambalea, a veces cae y luego se levanta. A veces cae y no se levanta jamás. Tras la caída del Muro de Berlín, a ningún país del Este se le ocurrió pedir el regreso del monarca depuesto por el comunismo: todo el mundo se sentía mejor en una república, no existe la nostalgia monárquica.

La historia de España colecciona muchos reyes penosos y de infausta memoria. El giro de Franco al final de sus días, cuando decidió dejar el país en manos de un rey es un giro más bien sorprendente en un hombre que jamás quiso saber nada del rey Juan. Que un Borbón acepte el relevo como del Estado de manos de un dictador militar se puede analizar de muchas maneras, pero todas ellas llevan a paradojas. Y alguien dirá que fue una maniobra bastante hábil, y que gracias a eso llegó la democracia formal a España sin grandes altercados ni decapitaciones, pero a nadie se le escapa lo rocambolesco y surrealista del asunto.

Años más tarde, Juan Carlos dejó a la institución monárquica a la altura del betún y se exilió también, y ahora da tumbos por el mundo y por sus devaneos senectos, simula patronear un velero en una regata, se olvida de sus deudas económicas y morales, publica un libro en donde suelta mentirijillas y medias verdades, mantiene su residencia en una dictadura árabe (es decir, islámica) y hace el ridículo en un programa de la televisión francesa. Los reyes del siglo XXI son tipejos ridículos al borde del abismo. Ellos lo saben, y por eso dedican grandes esfuerzos a promocionarse, o a presentar a sus herederos como jóvenes ejemplares y muy preparados. Felipe el Preparado presenta a Leonor como la Preparadísima.

Inglaterra, que es el espejo de las demás monarquías europeas, ha intentado muchas veces liquidar los residuos del prestigio de las familias reales. El último esfuerzo lo ha hecho el Príncipe Andrés, un viejo rijoso y pervertido que posiblemente será decapitado virtualmente o como metáfora: esa foto en la que solo se le ve la cabeza (ojos muy abiertos, mohín torcido) es una gran foto, una decapitación virtual en toda regla. Las demás monarquías europeas se callan: todos esos reyezuelos deben de estar rezando en silencio, tragando saliva, pasando el rosario. Que se pase pronto la tormenta, murmuran.

Es curioso que el rey actual de Inglaterra se llame Carlos III, habiendo sido Carlos I un rey decapitado. Carlos II huyó de Inglaterra durante la guerra civil inglesa y vivió en el exilio en Francia y los Países Bajos. Regresó como rey de Inglaterra en la Restauración de 1660, y murió a los 54 años: no parece que a los reyes Carlos les vaya muy bien.

Todo el mundo sabe que los reyes europeos afrontan el final de las monarquías en esta región del planeta, y nadie está dispuesto a a afirmar que Leonor será reina, todo el mundo sospecha que eso depende, que no se puede asegurar, que ya lo veremos, que igual aparece un cisne negro y los Borbones se extinguen o exilian en grupo a los Emiratos Árabes y des de allí lanzan sus mensajes de Navidad en un decorado musulmán y hacen chinchín con té y hierbabuena. 

El príncipe Andrés, que recibió una educación selecta y exquisita, mejor que nadie, el niño más amado de su madre, resultó ser un pendejo y un viejo verde. Ahora ya sabemos que la mejor de las educaciones no es una garantía de nada. Aunque la explicación puede que sea muy simple: durante su excelsa educación, al príncipe Andrés le enseñaron que él era un ser superior, mejor que los demás, impune y perfecto. Quizás ahí estaba el error. Sea como sea, Andrés empuja a las monarquías europeas hacia el abismo.

Alguien dirá que las monarquías no son el problema, que el problema es otro y que los presidentes de la república también son caros y dudosos, y alguien señalará a ese Donald que chochea y da muestras de grave deterioro mental, grotesco, decadente, ridículo. Es cierto. Si ustedes recuerdan los últimos años de Franco también recordarán al fantoche con ese hilo de voz aflautada que todavía firmaba sentencias de muerte, malvado y dañino hasta el fin. Pero los viejos dictadores mueren y los presidentes de la república terminan su mandato y se largan, y si se han excedido deberán rendir cuentas: recuerden el paso por la cárcel de Nicolás Sarkozy, breve pero ejemplar.

Gracias al Príncipe Andrés, hoy sabemos que estamos un poco más cerca de una Europa ilustrada y democrática, y que las campanas del fin de las monarquías todavía no tañen, pero se intuye la música en el horizonte.

Comentarios

  1. Hay algo que tendría que enfadar más a los ingleses que el miserable comportamiento del expríncipe, y son los privilegios económicos que aún conserva la monarquía inglesa, más propios de la época medieval que de un país moderno.

    Propiedades inmensas, rentas y derechos de exclusividad, algo impropio de un país moderno y democrático. Pero parece que se les da más importancia a asuntos sórdidos de bragueta, y no a los expolios económicos.

    Saludos.

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  2. Lo que se ha demostrado es que el que la hace lo paga,en la forma política de monarquía,en España y en Inglaterra y donde sea.No ocurre en las repúblicas bananera,ni en La Cuba,del querido Fidel,Nicaragua, Rumanía y no sigo.Las monarquías actuales son constitucionales,por encima de ellos está la constitución..Me va bien con la monarquía,me evita sustos,de presidentes vitalicios.Imaginate un Sánchez con su sanchismo por siempre,como Fidel.El hambre.
    Saludos

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  3. No sé que iríamos sin un monarca por estos lares, LLUis. Nosotros no somos ingleses, tenemos diez y siete reynos , mas Ceuta y Melilla, todos deseosos de sus prebendas, con sus correspondientes corruptelas, y sus Pedros Sánchez particulares. ¡Algo ha de haber que las aglutine!, eso o la república de los ocho segundos dirigida por Puchi, con tamborileros como la Borraz y una oposición del Opus junqueriano.
    Poco más puedo decir porque poco sé.
    Un saludo

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  4. "No sé donde iríamos..." quise poner.
    Perdón.

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