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LIBERTAD Y MUERTE EN LA PUERTA DEL PÁRKIN


El vecino lleva días viendo a ese hombre que duerme en la entrada del párkin y a menudo le lleva algo de comida. La noche de Reyes, el vecino baja a la calle para llevarle una taza de caldo caliente. El frío arrecia. Cuando llega al párkin se da cuenta de que el hombre ha muerto. Posiblemente de frío, aunque el hambre, la soledad y la miseria también tuvieron su parte: hasta ese hombre anónimo de la entrada del párkin en donde los coches duermen calentitos llegaron los cuatro jinetes. El vecino regresó a su casa con la taza del caldo. Cuando llegó de nuevo al hogar, la taza estaba fría. Terriblemente fría.

La prensa solo ha dado dos datos. Su nacionalidad española y una precisión que habrán considerado oportuna e importante: no consta que sea uno de los desalojados del Instituto B9, el edificio ocupado por personas sin techo que el alcalde decidió expulsar en vísperas de la Navidad, un buen cristiano. Me pregunto por ese afán de la prensa en exculpar al alcalde y a las autoridades en general (las culpas no deben recaer exclusivamente sobre García Albiol).

Así pues, mientras unos señores disfrazados de reyezuelos exóticos lanzaban caramelos por las calles y repartían ilusión, un hombre moría de frío en medio de la calle, en silencio. Se apagó como una luciérnaga exhausta en la España de los grandes resultados económicos, subidas del Íbex para celebrar el bombardeo en una ciudad lejana y celebraciones por la lotería del Niño. Alguien dirá que esas cosas pasan, por supuesto, y que hay recursos suficientes para atender a los indigentes, y que entre las iniciativas privadas y las públicas solo falló el hombre mismo, que en realidad él fue el único responsable de su propia muerte tan triste. Y eso es cierto.

Quizás morir de frío en plena calle sea una decisión tomada a conciencia y como último ejercicio de libertad que culmina el ejercio de libertad que significó escoger el infierno en algún momento, quizás para demostrarse algo a sí mismo o a los demás, la oscura decisión del descenso. A saber qué larga historia -casi inverosímil- debe haber en la vida del hombre anónimo que muere de frío en una ciudad de Europa el mismo día en que sus Mágicas Majestades reparten regalos y un presidente autonómico se tizna el rostro cerúleo con carbón para salir al balcón y lanzar caramelos. Quizás hay un recóndito sentido del humor en esa renuncia a la vida que es la libertad del débil. Si esta muerte tiene un significado mas allá de lo que significa cualquier muerte, solo estaba en la cabeza del hombre que pasó sus últimos días en la entrada del párkin, lugar mísero entre los lugares míseros, casi un no-lugar. Un misterio críptico de ascesis, mística enloquecida y desapego. Muchos santos del santoral tomaron decisiones parecidas, en tiempo lejanos.

Ante esas paradojas tan atroces lo más normal parece ser optar por la bendición de la disonancia cognitiva: mirar hacia otra parte, excusarse con argumentos de Perogrullo y a otra cosa mariposa. No sería de extrañar que algún medio culpe a Pedro Sánchez por esta muerte o que el señor Puigdemont, des de su lejano chalé en el Waterloo del olvido, asegure, entre bostezos de aburrimiento y nacionalismo, que con una Cataluña independiente, eso no hubiera sucedido.

Por estos días el mundo anda muy atareado en las escaramuzas por el petróleo y las fanfarronadas del Sheriff Naranjito, ese pobre tipo que se hizo viejo sin haber sido adulto y que en su senectud decide morir mientras da mamporrazos a diestro y siniestro, en otro tipo de ejercicio de la libertad, en nombre de una libertad salvaje y primitiva, la libertad del poderoso.

La libertad del fuerte es matar o no donde quiera y cuando quiera, imponer su ley, decretar que su ley es la buena y sus valores lo correctos, no permitirse un atisbo de duda, tomarse la cerveza en donde le dé la gana, reirse de la desdichada Corina Machado y vengarse con creces por haberle arrebatado el premio, quedarse con el petróleo. La libertad del débil, escoger entre la pobreza y la miseria, morir en la puerta de un párkin o de un Lidl, acudir a la caridad o no acudir, soñar o conformarse, quizás intuir que vivimos en una simulación y nada importa porqué nada es real y todo una mentira absurda. Quizás hay dos libertades y unos hombres más libres que otros, tal como hubo ciudadanos latinos y ciudadanos romanos, funcionarios interinos o funcionarios de carrera, iguales o más iguales. Quizas también haya dos muertes distintas de modo que ni tan solo la muerte nos iguala. Una muerte digna para los que pueden, una muerte miserable de frío y en la calle para los que no. 




Comentarios

  1. Igual, LLuis, los del diseño de las palabras tienen razón; igual hay dos realidades, la del ciudadano de la calle y la virtual.

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    1. Creo que siempre ha habido varias realidades. Lo triste es que en el siglo XXI ( y ya en el segundo cuarto) sigamos igual de distraídos: quizás no tenemos remedio.

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  2. Potser tot es redueix a això: un home mort en un racó d’un carrer i una ciutat que segueix endavant. Una vida que s’apaga sense soroll, sense titulars, sense ningú que s’aturi. No sabrem qui era. Però la seva absència diu més de nosaltres que qualsevol diagnòstic social.

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    1. Exacte: la mort d'aquest home diu molt més de nosaltres que d'ell mateix.

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  3. Ayer, otra persona más:
    https://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20260107/11419388/segundo-sintecho-muerto-calles-24-horas-plena-ola-frio.html

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  4. Me parece que te hagas eco del hecho,pero supongo que sabes que hay todo un dispositivo de voluntarios,de guardia urbana.Me parece bien la actitud del vecino.
    A mi me sucedio un caso parecido,un señor se dejo caer en la acera,donde pretendia dormir o estaba borracho .Mi obligacion como ciudadano,fue llamar por telefono a la guardia urbana( no hacerme el loco).No creas que es facil,te piden tus datos,nombre,direccion....Al cabo de 5 minutos,son ellos los que te llaman,preguntandote si mntenia la denuncia.La confirne(era consciente que quedaba fichado).10 minutos tardo el dispositivo,ambulancia y coche.Se lo llevaron.La pregunta es hice bien

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  5. Qué agudas y compartidas son siempre tus opiniones. Muchas gracias.

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