Ir al contenido principal

YOUNG MILAGRITOS



La mujer de la foto es Milagros, mi abuela paterna. La fecha del retrato es desconocida, pero tuvo que ser a principios del siglo XX y es posible que Milagros no contara más de 20 años. La gente de antes parece mucho mayor en las fotos, un fenómeno que ahora nos sorprende porque pretendemos eternizar la juventud vistiendo como mozalbetes a los 60.

Me fijo en la mano izquierda apoyada en la oreja, lo que en el lenguaje iconográfico representa la melancolía. Fíjense ustedes en las pinturas, que desde hace siglos representan en esta postura al melancólico. Quizás debido al ángel que Durero dibujó en Melancolía I y que todavía se mantiene, incluso en la publicidad de hoy: la forma de representar la tristeza es esa mano izquierda en la oreja. La mirada de Milagros parece hacer un leve esfuerzo por sonreír, ladeada, fijándose en algún punto lejano más allá de la pared que tenía enfrente. En aquellos tiempos, hacerse una foto era un acontecimiento excepcional, y se debía pedir cita con el fotógrafo y, posiblemente, ahorrar para pagarle el trabajo.

Milagros nació en una familia de Valencia, Muro de Alcoy, pueblo del interior. Pasó su infancia en una choza. Su padre andaba arriba y abajo, alquilándose como peón en el campo. El relato de Milagros habla de miseria y hambre. Estoy hablando de miseria severa, de hambre de veras. No te olvides de donde venimos, me susurra Milagros.

La foto se descompone lentamente, pero aún así es asombroso que tenga unos cien años y se mantenga en este estado, habiendo soportado todos mis traslados. Conservo esta foto y me la llevo conmigo como quien lleva la imagen de un icono ruso, para reflexionar de vez en cuando. Me he encontrado pensando en la antigua dignidad de los pobres, en el paso del tiempo, incluso en la elegancia de esas ropas (¿las alquiló?). Milagros vivió en mi casa (la casa de la familia) los últimos años de su vida, convertida en una señora espiritualizada, menuda y frágil. Aunque nunca enfermaba: su llama se apagaba despacio y empalidecía. A su muerte, el médico le comunicó a la familia que en su corazón estaba la cicatriz de tres infartos. Nadie se enteró jamás de esos infartos, ni tan solo ella misma. Murió muy cerca de los 100 años.

Nunca supe todo lo que soportó esta mujer, que transitó la miseria, la emigración con una maleta de cuerdas, la guerra, un marido catalán de escasa moral y que se convirtió al catolicismo para ver si Nuestro Señor le perdonaba sus múltiples pecados, en el tramo final de su vida. Una vez llegada a Barcelona, a los 16 añitos (cuando ahora se termina la ESO, entre bravuconadas), se puso a servir en una casa bien de Sant Gervasio. Nunca dejó se ser una sirvienta amaestrada, solo se rebeló a los 90, cuando algo le dio permiso para dejar de ser la criada de los demás. Aunque yo, a ese fenómeno, no le llamaría empoderamiento -tal como suele decirse ahora.



Comentarios

  1. Una bella entrada para recordar unos tiempos duros.
    Hoy todo ha cambiado, como bien dices. A los dieciséis ya se puede abortar sin permiso de los padres, y por supuesto, sin que ellos se enteren.

    En unas cosas no hemos adelantado tanto.
    Gracias por traerla y explicar su historia, que me recuerda, a grandes rasgos, las de otras mujeres de mi familia.
    Salut

    ResponderEliminar
  2. Sacar estas fotos del cajón, duele,pero un dolor dulce que te lleva a pensar.Por eso,sólo de vez en cuando lo hago,porque luego me dura varios días.
    Saludos

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

EL PERIODISMO EN TIEMPOS PEREZOSOS

Leo en los periódicos: el "régimen de los Ayatolás" para referirse a Irán. Y no me detengo en fijarme en qué medios lo escriben así o asá, porqué la verdad es que son mayoría. Es un término audaz. Sin embargo, ningún adjetivo acompaña al régimen de Omán, de Arabia Saudita, de Qatar. Cuando se habla de Arabia, podrían escribir "el régimen de los jeques absolutistas", por ejemplo. ¿Cómo podríamos calificar a los Emiratos Árabes Unidos, en donde reside el emérito y en donde parece que el reyezuelo defraudador vive muy bien? ¿El régimen de los reyes defraudadores huidos para escamotear a la justicia? Hasta hace bien poco, Venezuela era un "narcoestado", y a esta denominación se sumaron -incluso- muchos tertulianos de la tertulia de Silvia Intxaurrondo. Ella no les recriminó el adjetivo, a pesar de que parece una periodista escrupulosa y seria. Ahora mismo, nadie habla de Venezuela como de un "narcoestado", como si se hubiera obrado algún milagro. Del...

LA SEÑORA PILAR EN PRIMAVERA

Ha cumplido los 91 y vive sola en una casita que parece un museo, en donde está todo lo que adora, más que un museo es un templo abigarrado, apenas queda un palmo de pared libre en donde añadir alguna nueva foto, apenas unos centímetros encima de los anaqueles para añadirle otro recuerdo. Aunque a estas edades ya se crean pocos recuerdos nuevos, pasan pocas cosas y las que pasan, la verdad sea dicha, parecen livianas y sutiles, y se desvanecen como los sueños de la siesta, sin dejar rastro. El pequeño templo al dios del hogar, eso ya lo hacían los antiguos romanos. Y aunque hay vírgenes y jesucristos, el templo está dedicado a la memoria familiar, al paso por la vida y a los que la han acompañado. Ahí está el hijo único, del que se puede seguir su vida desde el niño en blanco y negro al joven graduado, al adulto serio con traje y corbata, al hombre ya mayor que sonríe con esfuerzo desde la lejana Inglaterra a donde se fue a trabajar para no volver, quizás unos días en verano y a veces ...

LA MALA MARE CATALANA

Diuen que saps quan s'ha acabat la teva funció de mare quan te n'adones que ja no hi ha res més a fer, que tot està dit i que a partir d'ara no tens cap influència sobre la teva filla. Tot i que les noves tendències advoquen per una maternitat (i una paternitat) laxa, hom tendeix a voler transmetre els teus valors a la prole. Als fills dels socis del Barça els fan el carnet del club des de tot just nadons, perquè el xiquet no s'esguerri més endavant i no se'ns faci del Madrid, que ara té més tirada entre el jovent. Transmetre els valors a la descendència no és cosa fàcil: al meu pare, per exemple, no li va sortir massa bé i aquí em tenen, constitucionalista i socialista, i indiferent a la bandera de les quatre barres, a la sardana i al Fossar de les Moreres. He heretat moltes coses del pare, entre elles algunes manies persecutòries que no cal detallar. Però el nacionalisme no me'l va poder inculcar. Resulta que, vès per on, el meu pare em va animar a llegir i a ...