Reconozco, antes de empezar a desarrollar alguna idea al respecto de la mayor españolidad, que esta situación ya la había vivido no hace mucho, solo que entonces se trataba de ser más catalán que tú. Y todo el mundo conoce cómo terminó el empuje patriótico catalán: una debacle moral en la ciudadanía catalana y el descalabro de los partidos nacionalistas. En efecto, los años más pesados del "procés" fueron -entre otras gaitas, molestias y desastres- una carrera para posicionarse como el más patriota, el más implicado. Se afanaron en definir la patria y el patriotismo de un modo torpe e irracional, se posicionaron como para la salida de una carrera hacia ninguna parte. Eso no sucedió tan solo entre la clase política, el mal transitó hacia la ciudadanía y nadie quería quedarse atrás.
Muchos vecinos compitieron por poner la mayor bandera estrellada en su balcón, luego en su tejado, con un mástil más alto que el de al lado. La última camiseta de la ANC, el adhesivo en el coche, la voz más alta. Se permitían preguntarte si siempre hablas en catalán o solo a veces o depende de con quién, o si enseguida te pasas al castellano: se trataba de establecer jerarquías y rangos, y a nadie le gusta figurar en los últimos puestos. Todos querían ser el más patriota, patriota pata negra.
Por desgracia, la ola nacionalista española sigue los pasos del procés catalán y los sigue muy de cerca. Santiago Abascal ha escrito (aunque en una red social y con pocas frases, no da para mucho) que si Sánchez está dispuesto a arruinar España él hará todo lo necesario para salvarla. El mejor patriota es aquél que se siente llamado a salvar a su patria. ¿Qué debe ser la salvación de una patria? Esa no es una pregunta menor: es la pregunta que se les debe hacer a los salvapatrias. No vaya a ser que confunda la patria con su ideal de la patria, o con el ideal de una determinada oligarquía. Salvar a una patria huele a rancio y a medieval, pero esperaré su respuesta.
Observo esos mítines de campaña en plena precampaña: los de la derecha están sobresaturados de banderas españolas. En los de la izquierda quizás se ve alguna rojigualda al fondo, pero son escasas. En las concentraciones de personas de izquierdas abundan banderas de los partidos y de colectivos varios. ¿Podemos inferir de eso que la derecha es más patriota que la izquierda? Para responder a eso deberíamos preguntar qué es España, qué es una patria. Y luego deberíamos preguntarnos qué hay en la historia que explique este fenómeno. Y creo que no se necesitan muchas encuestas ni muchos estudios sociológicos para comprender que el franquismo, tan lejano y tan cercano, ofrece algunas respuestas. Como en el caso de Cataluña durante el procés, el patriotismo (y luego el propio país) están secuestrados por unas ideologías concretas, ideologías que se han ocupado de apropiarse de la bandera, del mapa y de sus símbolos.
De nada sirve explicar que el patriotismo también puede expresarse mediante querer lo mejor para todos, la consecución de los máximos derechos civiles posibles. Un país con más derechos y mejor redistribución de la riqueza es un país mejor, y de eso no se puede dudar. Un país con menos derechos para las mujeres, empresarios más ricos y trabajadores más pobres es un país peor, lleno de malestar y de desigualdad. Eso también es indudable.
Así pues, pedir el aumento del sueldo mínimo interprofesional puede ser leído como una petición poco patriota, mientras que prometer la rebaja de impuestos se presenta como un deseo muy patriótico. Expresado así, cualquiera se da cuenta de que la variable "patriota" no significa nada. Lo podemos observar en otros países: "Make America Great Again" ya es una expresión inexplicable, puesto que nadie sabe quién se ha hecho grande con esta ideología en el poder, y quien se ha empobrecido.
Durante el procés, algunos nos hartamos de pedir que dejaran de repetir tantas veces la palabra Cataluña, el poble, el país, y se dispusieran a contar cuál era su modelo de la quimérica Cataluña independiente: ¿una Cataluña social y de derechos civiles? ¿una Cataluña solo para catalanohablantes? ¿una Cataluña abierta y europea o una Cataluña ensimismada dentro de sus límites? Nadie, jamás, supo contarnos de una forma clara y didáctica qué país buscaban: eso ya lo veremos luego, te respondían, ahora lo importante es la independencia. Y es oportuno decir: esa indefinición casi patológica es parte de la explicación del fracaso.
Ahora puede suceder lo mismo con España. El patriotismo es un concepto ambiguo y borroso que no explica nada, del mismo modo que "España" es un concepto sometido al tiempo y que va cambiando de significado. ¿Qué és España? En el siglo XVII era un imperio, en 1910 las cenizas del imperio. En 1933 el país más avanzado de Europa en libertades, educación y sanidad públicas. En 1939, un paisito triste y oscuro sometido a una dictadura tenebrosa, pobre y analfabeto. ¿A qué España nombramos cuando nombramos a España? ¿Quizás nombramos a una España idealizada y medieval, legendaria y remota, perdida en las fantasías románticas?
Es muy posible que la persistencia de la monarquía (mucho más resiliente que Pedro Sánchez, por lo que se puede observar) esté contribuyendo a reforzar esta idea de un patriotismo esencialista, arrastrado por la ola esencialista que asola medio mundo. Quizás se puede ir pensando en la oportunidad de la tercera república, que nos ayudaría a superar el trampantojo. Fíjense ustedes en las exigencias por parte de la derecha en el viaje del Rey a Ceuta, que no ha resuelto nada de nada más allá de ofrecer un impulso nacionalista -dicho sea de paso, de escasa repercusión. Una performance tan monárquica y breve como estéril. Pero eso sí, llena de banderitas al viento y de vivas a España, al Rey y al ensueño del pasado colonial. Recuerden ustedes que, pocos dás antes de abandonar el Sáhara español y salir por patas de allí, Juan Carlos I prometió que España se quedaría en el Sáhara y que estaban dispuestos a verter hasta la última gota de sangre para defenderlo.
Me gustaría que los programas electorales de estas elecciones tan polarizadas y tan crispadas soslayaran en la medida de lo posible la palabra "España" y que nos contaran sus modelos sociales, económicos e impositivos, culturales y educativos. Yo me voy a fijar en eso antes de votar y me gustaría (aunque sé que no será lo más común) que la ciudadanía hiciera lo mismo. Y por eso mismo agradecería a los partidos que nos cuenten con la mayor claridad y la mayor transparencia posibles cuáles son sus proyectos y con la máxima concreción posible. Y les agradeceré que no usen tópicos ni frases facilonas, ni palabras huecas como "sanchismo", "libertad" o "grandeza de España".
No soy muy optimista en mis pretensiones: me temo que la democracia no es la prioridad de las mayorías y que el autoritarismo está demasiado en boga. El verbo fácil, la bravuconería o la chabacanería pueden más que el razonamiento. Es lo que tiene el esencialismo: no precisa de razones, solo de vísceras. Y de banderas, muchas y muy grandes.

Pues yo presumo de andaluz, con 60 años en Cataluña, pero me gustan los toros, la feria, la Semana Santa. Puedo entender quien se sienta catalán, quien se sienta español. Son los sentimientos.
ResponderEliminarSaludos