En el título he nombrado a San Cosme (el barrio) como podría haber nombrado los barrios del Singuerlín, San Roc o algun suburbio de l'Hospitalet. Parece que el Leviatán se ceba más y mejor con los pobres, se manifiesta con mayor energía en esas calles por donde la pobreza campa a sus anchas. Hay, en esos barrios, un aire de hartazgo y de desesperación. Del mismo modo que Trump arrasó en los distritos pobres de los Estados Unidos, también los movimientos antisistema podrían triunfar en esos barrios que se sienten abandonados por la socialdemocracia. El malestar es el monstruo que nadie puede saciar, como aquel dragón medieval que asolaba los pueblos y al que dio muerte un caballero medio guerrero y medio ángel llamado San Jorge. La salvación recae en el milagro, en la intervención divina. Parece que nadie confía en la acción humana ni en las políticas.
También debería precisar lo del Leviatán, que es un asunto complejo. El Leviatán bíblico (un concepto oscuro y tortuoso como tantos otros de la Biblia) se convierte en una imagen del Estado absoluto a manos del filósofo Thomas Hobbes, nacido a finales del XVI. Aunque Paul Auster tiene una novela fantástica y muy recomendable que se titula "Leviatán" en donde parece que el monstruo es el capitalismo furioso y el sistema político estadounidense. Sin embargo, el director ruso Andrey Zvyagintsev situó al Leviatán en su patria y parece que tiene algo que ver con la codicia y con la especulación inmobiliaria en la Rusia postsoviética. Así pues, hay Leviatanes por todas partes y para todos los gustos.
Por aquí parece que el Leviatán tiene forma de incertidumbre, de miedo y de respuesta violenta. Quizás el Leviatán de nuestros días y de nuestras calles sea el miedo al futuro inminente. Todo el mundo le tiene miedo al futuro y quizás por eso hay tantas películas sobre el fin del mundo, muchas veces a manos de un virus terrible que nos convierte en una horda salvaje y estúpida de zombis agresivos. Un filósofo se pregunta porqué es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo, que sería mejor y más sencillo. A mi alrededor veo un interés creciente y desacomplejado por la salvación individual: invertir ahorrillos para especular en la bolsa, comprar pequeñas cantidades de oro, pagarle a un "broker". Si tu vecino tiene un piso y lo alquila por debajo del precio del mercado es que es tonto, si revendes tu entrada para el concierto de Bad Bunny por el mismo precio que pagaste, eres tonto. Y así todo.
Ayer hubo manifestaciones de docentes, y en varias de ellas cortaron autopistas catalanas. Hubo una agresividad elevada. Les cuento que yo hice huelga ero no acudí a los cortes de autopistas pero que me lo han contado de primera mano. Me cuentan: una señora muy enfadada propuso a los camioneros que se encontraron con el corte que entre todos embistieran y atropellaran a la barricada de docentes. El monstruo se manifiesta en cualquier lugar, como la liebre que salta donde menos te la esperas.
Para los catalanes no independentistas, el Leviatán fue aquélla Generalitat independentista, aunque fue un Leviatán que se enroscó sobre sí mismo y se hundió en las aguas, quizás para lamerse las heridas, quizás para dormitar un rato y más tarde volver a las andadas: "ho tornarem a fer", gritaron con poca convicción pero con melancolía. Y quizás hay algo de ese "ho tornarem a fer" cuando se cortan autopistas con una camiseta amarilla, pero prefiero soslayar este punto.
Un presentador de la TV que antes narraba sucesos paranormales (apariciones fantasmales y visitas extraterrestres) ahora alienta el voto para la ultraderecha al tiempo que advierte sobre el desastre moral. Quizás por ignorancia, quizás por mala fe o quizás por una combinación de ambas categorías, se apunta a la idea de que España se hunde. El líder de la derecha española insiste en el desastre, siempre situado en la estela de los gurús más trasnochados, los más fervientes portavoces del hundimiento moral y de la salvación por la expiación y la privatización. Un compañero de trabajo que dice que la mejor propuesta para combatir el problema de la vivienda en España es la propuesta de Vox: liberalizar el suelo, desregular el mercado. Se lo crean o no (pueden consultarlo), Vox ha obtenido en la Comunidad Autónoma de Extremadura la "Vicepresidencia y Consejería de Desregulación, Servicios Sociales y Familia". Lo que oyen. La desregulación, la posibilidad de que el bicho actúe libremente y a sus anchas. El Leviatán ya no es el Estado absoluto de Hobbes si no su contrario, o quizás el del revés: todo es incertidumbre.
La oscuridad se ha adueñado del mundo. Y además sufrimos una ola de calor insufrible: hoy, en el aula, estábamos a 32 grados y sin rechistar. Puede que, para que el Estado nos ponga aire acondicionado en las aulas, debamos cortar más autopistas. No me gusta nada el mundo del mañana.
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