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CARLOS Y EDMUNDO, EL VODEVIL POSTMODERNO

Dice Edmundo que aparecerá en la investidura presidencial, lo mismo que prometió Carlos. Quizás el venezolano haya llamado a Waterloo para pedir ideas sobre como ir pero sin ir y, sobretodo, no arriesgarse: hacer un Houdini y burlar a las autoridades. Se trata de estar sin estar o, en clave mística, vivir sin vivir en mi. Es un vodevil contemporáneo que se está poniendo de moda.

Si bien es cierto el talante autoritario de Maduro en Venezuela y la escasa calidad democrática de este país, también es cierto que algunos se apuran demasiado en llamarle "dictador". Resulta muy sorprendente ver los remilgos que tienen algunos con esa nueva categoría que ayer acuñó el pobre Feijóo: los dictadores vivos, que se distinguen de los dictadores muertos porque los muertos no molestan tanto y además están en el hoyo. Sin embargo, si uno repasa la lista de los dictadores vivos en el planeta cae en la cuenta de que no todos molestan: nadie tiene problemas en tratar con reyezuelos árabes e incluso nuestro Ilustre Campechano vive muy bien en una dictadura islámica.

El señor Guardiola -Pep para los amigos-, contó en su periplo árabe que se vive muy bien en uno de esos países, y lo mismo dijo un tal Xavi, también entrenador, que se encontraba muy a gusto en Qatar, el país en manos de una dinastía de dictadores en el cual es preferible no nacer mujer. Xavi y Pep, que son muy hombres, lo pasaron de maravilla en un país sin ningún respeto por los derechos humanos, y lo mismo le pasa al Campechano: también es muy hombre.

Por lo visto, a los dictadores hay que diferenciarlos entre dictadores vivos y dictadores muertos, pero se impone una clasificación entre los dictadores vivos: los dictadores vivos que nos caen simpáticos y los que nos caen mal. Maduro es de estos últimos, mientras que el emir Tamim bin Hamad Al Thani nos cae mejor. Lo mismo que su primer ministro, el señor Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, ambos al frente de lo que denominan un Emirato semiconstitucional unitario. A Xi Jinping nadie osa llamarle dictador vivo, ni pretende ofenderle en ningún momento, más que nada para poder seguir comprando bien, bonito y barato en Shein.

El señor Feijóo, así como su enemigo don Pelayo Abascal, no ven con buen ojo a Maduro pero no tienen objeción alguna con la familia Al Thani, de quien nunca hablan mal ni contra quien nunca se manifiestan por las calles de Madrid. Si yo me viese obligado a elegir entre uno de los dos países (espero que no me pase eso), les prometo que me inclino por Venezuela. Y me sobran las razones. La principal, el clima, por supuesto. La lista de dictaduras del planeta Tierra es larga, por desgracia, y muestra una tendencia al crecimiento que me asusta mucho. Quizás deberíamos hablar también de dictadores vivos con quienes nos conviene tener buenas relaciones financieras y comerciales y futbolísticas. 

Los valores democráticos ya no están muy de moda y hay quien empieza a pensar en el modelo chino, e incluso el futuro POTUS barrunta la idea de pasarse a una democracia menos liberal mientras le aplauden sus bamboleos en el escenario. Nuestro querido Carlos, el de Waterloo, también se apuntó a la moda de menoscabar la democracia con gestos vodevilescos y proclamaciones solemnes y Houdinis, y a día de hoy todavía le aplauden por lo menos Vicent Partal y Pilar Rahola, que es muy fan del señor Netanyahu, un tipo que hace años inició la senda de la democracia autoritaria y nadie le dice nada por las calles de Madrid, y con quien muchos hacen negocios interesantes. Si no me creen, vean el documental Expediente Netanyahu (Alexis Bloom, 2024, en Filmin) y luego me cuentan.

Comentarios

  1. Pues, no sé como llamarías tú, a lo que crees que es Maduro.

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  2. Si escucha los mensajes belicistas,de personas teóricamente defensores de la democracia, da miedo.Ahora hasta Alemania da mensajes de cierre de fronteras,devoluciones a países de origen.La pregunta es si volvemos al castillo,encerrarnos del vecino.
    Saludos

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  3. Y por lo que parece, en Rumanía también se ha instalado otro prócer de similares características.
    Esto se pone feo.
    Salut

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