Jesucristo tiene un problema: le han salido unos partidarios muy raros y muy poco cristianos.
Parece que hay quienes se empeñan en hacernos retroceder hacia tiempos oscuros. Los tiempos oscuros le van muy bien a quien pretende tenernos atemorizados. La religión siempre ha sido, entre otras cosas, una extraordinaria herramienta para asustar al personal y conseguir, mediante el miedo, nuestra sumisión. El miedo al pecado y a sus monstruosas consecuencias, el miedo al castigo, la excomunión, la expulsión de la comunidad. Todo eso está sobradamente estudiado, descrito y muy bien explicado. Lo que sorprende es que, pasado el primer cuarto del siglo XXI, volvamos al oscurantismo. Eso no me lo esperaba y me apena.
Porqué no se trata tan solo de la penúltima bravuconada de Donald Trump colgando en su cuenta oficial de presidente ese dibujo lamentable en donde se presenta como Jesucristo, un Jesucristo guerrero y terrible. Se trata también de todo el aparato cristiano retrógrado desbocado y reivindicando la catolicidad de España, o el argumento tan inverosímil de pintar las raíces de Europa en el cristianismo. Jesucristo no fundó Europa. Es más: los valores democráticos e ilustrados que inspiran a la cultura Europea se fundamentan en la superación del pensamiento cristiano a través de la ciencia y de la razón, que son lo más opuesto a la religión y las armas con las que los humanos superamos el imperio oscuro.
Puede que el abandono de la religión como fenómeno público nos haya traído consecuencias negativas, como podría ser el abandono de cualquier espiritualidad y el aumento del egoísmo y del amor por lo material. Aunque, la verdad, viendo los palacios y las riquezas del Vaticano no parece que el Vaticano renuncie a lo material si no diría que más bien le gusta mucho el oro y la arquitectura gigantesca.
Pero en cualquier caso, que la religión se haya replegado en lo privado y que el estado sea laico (y la Constitución, aconfesional), es un signo innegable de progreso y una prueba de democracia. Por eso mismo es triste que los grupos de la derecha recuperen los discursos religiosos y los usen para enfrentar a las personas. Abascal suele usar muy a menudo ese cristianismo identitario al que también recurre la señora Sílvia Orriols, sin olvidarse de que el señor Feijóo también tiene sus referencias, aunque sean a su estilo tibio y torpe.
En Cataluña no tan solo tenemos a la señora Orriols (a quien un columnista llama "la matamoros de Ripoll"). Nuestro presidente es muy de misa y de retratarse con curas y obispos con una sonrisa beata que, a veces, le camufla tan bien entre los sacerdotes que he llegado a tomar a Salvador Illa por un cura de provincias entre otros iguales. Lo dicho: lo de Trump solo es una más, aunque sea con su estilo ampuloso y bestia de tipo descerebrado al que todo le importa un pimiento. Todo le importa un pimiento salvo su fortuna, a los 80 años, decidido a ser el más rico del cementerio. Se está poniendo de moda ser facha, dicen los sociólogos. Y también se está poniendo de moda ser muy católico. Tengo un alumno que lleva un cruz en el bolsillo y va santiguando a sus compañeros de aula sin que se lo pidan.
La verdad es que no se muy bien qué parte de los Evangelios se han leído esos politiquillos (incluyendo a Trump en esta categoría), porqué yo, que se algo de todo eso, descubro que jamás se transmite nada del mensaje de Jesús en estas fantochadas. A mi que me perdonen, pero no veo al señor Abascal practicando ninguna enseñanza cristiana, ni compartiendo un solo versículo de las Bienaventuranzas. Es más: así, a botepronto, uno diría que es mucho más fiel a la palabra de Cristo el propio Pedro Sánchez aunque eso le suene mal a más de un católico.
Quizás la conversión fulgurante de Rosalía (la cantante) ha influido en este giro católico y furioso que nos asalta por sorpresa, un giró católico promovido por personas que se desplazan en jet privado, con mansiones aquí y allá y con muchas divisas y bitcoins. Vivimos en un mundo paradójico y agotado, repleto de excéntricos que ahora se sienten muy católicos y mañana podrían ser partidarios de Zaratustra o de Aura Mazda o de Marx. De Groucho Marx. Lo que sea para mantenernos asustados y tensos y pendientes de sus caprichos.

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