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EPIFANÍA

Los magos de oriente se acercan y buscan al recién nacido. Y cuando lo encuentran, le miran con cara de circunstancias. Uno de ellos carraspea algo incomprensible en una lengua ignota y que debe significar algo así como "lo tienes jodido, chaval, a la que puedan te crucifican por extranjero, por pobre o por delincuente. Que viene a ser lo mismo". Ninguno de ellos sabe muy bien qué decir, a ninguno de ellos se le ocurre formular buenos augurios. Los regalos que le traen quizás no servirán para nada cuando ese bebé crezca, sospechan todos. Todos se temen que los derechos humanos, la democracia y la equidad son presentes cuya utilidad ya no está nada clara. De modo que dejan sus regalos y se largan hacia otra parte. Incluso en el Evangelio de Mateo se dice eso, que se largaron por un camino distinto al camino por el que habían llegado. Quizás se fueron en busca de otros recién nacidos, quizás, quien sabe, no tenían ganas de regresar a su casa y preferían dar un garbeo, perderse por ahí y por un tiempo indefinido.

Más tarde, sentados en una posada y tras unos vinos de la Ribera del Duero, uno de los magos les pregunta a los otros: Oye, a ver quién podría definirme exactamente qué significa eso de los Derechos humanos. Me refiero a qué significa hoy en día. Los demás le devuelven una mirada enfurruñada y displicente, la mirada que se les da a los aguafiestas. Por no hablar de la democracia, insiste el pelmazo, a ver quién me puede decir qué lugar ocupa la democracia entre los deseos de esos niños. En este momento, su teléfono móvil vibra dos veces: una aplicación le manda el enlace a una nueva serie sobre el apocalipsis inminente y el colapso de la civilación. La otra le sugiere que se compre unos calcetines con la imagen de su mascota por solo cuatro sestercios y medio.

Mientras los magos siguen bebiendo, se escucha una algarabía en la calle. Pasa una manifestación de gentes que celebran el bombardeo de una ciudad lejana. En una mesa cercana, un hombre con barba vocifera que "el estado no es la solución, el estado es el problema" y otros le aplauden. Mira, murmura uno de los magos en voz muy baja, por si las moscas: eso mismo decían los independentistas catalanes. Lo dijo un filósofo antiguo, prosigue otro de los magos sin bajar la voz, convencido de que su alocución no levantará sospechas entre un auditorio gañán: en el paréntesis entre un sistema y el siguiente es cuando surgen los monstruos, y ahora mismo nadie sabe cual será el siguiente sistema, así que todos los monstruos tienen cabida.

Lo que me queda claro, susurra un mago que todavía no había hablado, es que ahora mismo me alegro de ser anciano en vez de joven: el futuro que se les viene encima a esa juventud no lo quisiera para nada en mi juventud. Pues yo, la verdad, le replica otro, es que a lo largo de mi vida las he pasado canutas un par de veces pero me recompuse gracias al estado del bienestar y, sin embargo, si ahora se nos cae encima el desastre anunciado, no las tengo todas conmigo: a mi edad ¿cómo me recompondré en un mundo salvaje en donde siempre gana el más fuerte?

Es bueno tenerle un poco de miedo al futuro, amigo mío, responde otro mago, no hay que confiarse demasiado porque las cosas pintan mal: las ovejas votan al lobo con ilusión y el lobo se harta de reir y se frota las manos ante el festín que le regalan. Fíjate en ese pobre niño al que acabamos de visitar: de casa pobre, ¡Más bien miserable! corrige otro de los magos, Pues eso: de casa miserable y su padre intentando comprar bitcoins con lo poco que le queda. ¿Comprando bitcoins con un teléfono Apple! ¿Lo habéis visto? Dios mío, ¡a dónde han ido a parar los valores y el orgullo de la clase obrera! ¡El que se cree más listo engorda al déspota comprándole bitcoins! Y en este instante vibra otro teléfono. El mago rebusca en sus bolsillos y saca el aparato. Su aplicación de salud le recomienda que se levante y haga ejercicio. Y debajo de la recomendación, un consejo gratis: si a usted le parece que el mundo es irrespirable, es porqué debe hacer ejercicios de respiración. Si desea seguir recibiendo consejos como este, suscríbase a nuestra lista de clientes premium por solo tres sestercios al mes.

Lo de levantarse y caminar un rato no es mala idea, sonríe un mago que ha leído el mensaje de su compañero. Vale, pero ¿adónde? Bueno, no vayamos a caer en el nihilismo ahora... y menos en estas fechas. ¿Me estás hablando de la esperanza? ¿Acaso no sabes lo que es la esperanza? Yo te lo contaré: de la caja de Pandora salieron volando todos los males menos uno, que se quedó escondido, el peor de todos. Y ese mal era elpis, la esperanza.


Comentarios

  1. Venga, que la esperanza es lo último a perder. La vida es un camino lleno de tropiezos ¿porqué va a ser en este momento diferente?.
    änimo, de momento estamos aquí para reivindicar como células de resistencia.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Me he reido(de buena fe),de tu versión de la tradición de los Reyes Magos((la Iglesia no la reconoce).Aunque en Sevilla,te hubiesen dicho que eres un "malasombra",no tiene maldad la palabra.
    A mi,después de muchos ruegos,me traerán una cortadora de fiambres vía Amazon.Espero que no olvidaras la carta
    Saludos

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  3. El problema de la esperanza es que solo sabe bailar cha cha cha, y siempre lejos del sol que más calienta.
    Salut

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